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Opinión


Columnas

Autismo: detectar antes para acompañar mejor

En el último tiempo, cuando hablamos de autismo, una de las primeras preguntas que surge es si estamos frente a un aumento de casos o si, en realidad, hemos mejorado nuestra capacidad para reconocerlo. Desde mi perspectiva, lo que estamos realmente evidenciando es una mejora en la detección. Ahora los niños y niñas que presentan el autismo están siendo mucho más visibilizados.

Uno de los datos que llama más la atención en el tema del diagnóstico es que esto podría hacerse desde una temprana edad. Desde el momento del nacimiento de un ser humano ya tenemos algunas observaciones que son señales muy visibles respecto del comportamiento social que tienen los niños. Por ejemplo, que los niños sigan un objeto con la vista o cuando el papá o la mamá se acerca a hablar con su pequeñito recién nacido y ya comienzan con sus primeros contactos visuales.

Sabemos de todos modos que no es como una lista de características, sino que cada niño tiene que ser evaluado por un profesional. Al principio es bueno regirse siempre por los primeros controles, donde el equipo de salud comienza también a detectar algunas señales. También, las familias notan diferencias en los niños, por ejemplo, si se demora más que otros niños en caminar, en decir mamá o papá, en señalar objetos, etc.

Entonces, ahí necesitamos la evaluación de un equipo multidisciplinario completo que logre conectar a través del juego para ir estimulando el desarrollo de su sistema nervioso. Y también la educación que tiene que recibir la familia, porque una familia que no continúa un tratamiento en casa no va a ver mucho progreso en el niño porque se va a quedar solamente con lo que logra la intervención. Las familias se adaptan a ese funcionamiento del niño, y no lo hacen al revés, no hacen que el niño comience a aprender las necesidades para adquirir una habilidad. Siempre a través de una necesidad aparece el desarrollo de una habilidad. 

Más especialidad, más cerca de nuestros niños

Detrás de cada consulta pediátrica en un Centro de Salud Familiar rural o en la urgencia de un hospital comunitario existe una oportunidad decisiva: reconocer a tiempo las señales de alerta y entregar una respuesta adecuada puede cambiar el curso de la vida de un niño, niña o adolescente.

Con esa convicción territorial desarrollamos la Segunda Jornada Regional de Capacitación en Neurología Infantil, una iniciativa que busca fortalecer las competencias de nuestros equipos y acercar la alta especialidad a quienes están en la primera línea de atención.

Durante este ciclo, que recorrió las comunas de Lolol, San Vicente, Graneros y Nancagua, más de 120 funcionarios de nuestra red asistencial —médicos, enfermeras, kinesiólogos, terapeutas y otros profesionales— pudieron actualizar conocimientos y herramientas para abordar condiciones como el Trastorno del Espectro Autista, el TDAH, las cefaleas y la epilepsia.

Esta jornada fue posible gracias al trabajo articulado entre el Servicio de Salud O’Higgins, la Atención Primaria, el Hospital Regional Franco Ravera Zunino y los municipios. Destacamos especialmente el compromiso de los equipos que hicieron posible llevar estos conocimientos a distintos territorios de nuestra región.

Contar con profesionales mejor preparados significa mejorar la pesquisa, fortalecer el manejo inicial y, cuando sea necesario, realizar derivaciones oportunas a la especialidad. También significa evitar traslados innecesarios y disminuir esperas que impactan directamente en las familias.

Como Servicio de Salud tenemos el desafío permanente de avanzar hacia una atención más oportuna, resolutiva y equitativa. Para ello, no basta con disponer de especialistas en nuestros hospitales: debemos fortalecer las capacidades de toda la red y hacer que el conocimiento llegue allí donde las personas viven.

Esta segunda versión de la jornada confirma que la capacitación continua y el trabajo colaborativo son herramientas concretas para reducir brechas territoriales. Queremos que esta experiencia se proyecte en el tiempo y que cada año sean más los equipos preparados para responder a las necesidades de nuestros niños, niñas y adolescentes.

Porque acercar la especialidad también es una forma de cuidar. Y en salud pública, cuidar significa estar presentes, anticiparnos y entregar a cada familia la atención de calidad que merece.

Qué debemos mejorar en la educación pública

Hoy la educación pública experimenta una serie de cambios a nivel de leyes y normas que logran experimentar ideas, que con el tiempo no suelen ser lo suficientemente sustantivas para generar cambios de manera significativa. 

Más allá de las disputas por quién tiene más razón o no, acá debemos preguntarnos algunas cosas de la educación pública ¿Qué?, ¿Cómo? ¿Quiénes?

¿Qué? Implica todo lo que ideamos y organizamos para que esta educación pueda ser realmente una movilidad en nuestra sociedad. Implementar más allá de una política pública, el reconocer verdaderamente el rol del profesor, volver a la esencia implícita de la autoridad dentro de un establecimiento educacional. Generar más autonomía y un real liderazgo de nuestros directores, que logren comprender lo importante de gestionar de manera integra una comunidad educativa. Finalmente, entregar una real autonomía en el quehacer pedagógico, innovando y fortaleciendo las acciones metodológicas para niños y jóvenes del siglo XXI. Para esto, los profesores deben tener acciones de permanente desarrollo profesional.

¿Cómo? Sin duda, la más compleja, ya que refleja un grado importante de subjetividad. Lo que planifico o implemento en un colegio, no necesariamente tendrá resultados iguales. Desde mi mirada, creo que el foco principal debe estar en la educación inicial, lograr que los niños aprendan a relacionarse de forma respetuosa, inculcando permanentemente valores, entregando experiencias de aprendizaje felices, de esta manera las escuelas deben convertirse en espacios de bienestar real desde las primeras etapas de la escolaridad. Acá es esencial el afecto y el apego que nuestros estudiantes sienten con nuestros profesores en el entorno educativo.

Finalmente, ¿Quiénes?, sin duda una sociedad que entienda que la educación pública es el pilar fundamental para el desarrollo del país, resaltará de manera indiscutible el rol inicial de la familia cómo núcleo de esta sociedad ( la primera escuela), luego es el rol de nuestros directores que conducen nuestras escuelas, profesores que en sus acciones deben consagrar un espíritu de altas expectativas en nuestros estudiantes que entenderán que la educación es un medio de movilidad social significativo. 

El advenimiento de la inteligencia artificial

Muchos de nosotros estamos sin duda impactados por la inteligencia artificial, desde su empleo en aspectos menores, hasta aquellos de alto impacto, como la noticia aparecida en estos días, al serle extirpado un tumor a una persona con empleo de la IA.

Es definida como un campo de la informática que crea sistemas y máquinas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana.

Si quiere saber algo más de ella le puedo indicar que funciona utilizando un conjunto de datos y reglas matemáticas para procesar la información.

Por otra parte, emplea el aprendizaje automático y profundo para mejorar sus resultados como experiencias y analizar su entorno para tomar decisiones y resolver problemas en forma automática.

Entonces, es evidente que cada vez se asume con mayor firmeza su importancia y el beneficio que nos otorga, en especial cuando ocupamos sus ventajas, no solo aparentes, sino que concretas, como mejorar la eficiencia, reducir los errores en procesos específicos y potenciar la calidad de vida.

Por cierto que también presenta desventajas, algunas de las cuales están aún por medirse concretamente en el futuro, cuando haya sido utilizada masivamente, ya que podría originar pérdidas de empleos y afectar en parte nuestra privacidad.

Pero hay un punto específico que es sin duda de total legitimidad. La determinación individual de cada uno de nosotros, de adoptarla o rechazarla, dependiendo de nuestra visión sobre ella. Pudiendo llegar a su total rechazo o a una férrea defensa, aprovechándola en beneficio propio.

En lo particular, me siento interpretado por una visión intermedia de lo que ella significa, la que me lleva a asumir que de ser trascendente, su utilización en forma puntual es necesaria.

Pero también y en un nivel personal, como el intelectual, rechazo su utilización categóricamente, ya que creo que emplearla presenta, probablemente entre otros, algunos problemas profundos.

El primero es que al utilizarla me visto con ropaje ajeno, ya que mis opiniones no me son propias y menos lo son las conclusiones de un proceso de análisis mental, propio por cierto de la intelectualidad.

El otro punto es menos trascendente, pero igualmente importante, ya que estimo que al exponer mis opiniones, en la tarima que ocupa un docente, en medios de comunicación social de cualquier tipo o simplemente en una particular conversación, emplearla es casi una falta de respeto a mis alumnos, a mis lectores y a mis interlocutores.

La tierra por cultivar en O'Higgins: Juventud, territorio y la sofisticación de la matriz productiva

Las cifras de empleo en O’Higgins ofrecen una radiografía de las limitaciones de nuestra matriz productiva: desocupación general cercana al 8,8%, más del 30% de informalidad y un ingreso medio un 18% por debajo de la media nacional. Sin embargo, la brecha se profundiza en el empleo juvenil, donde el desempleo supera el 18%, sumado al subempleo por competencias. Estamos ante una generación que inicia sus trayectorias laborales en condiciones de estrechez estructural.

En este escenario, los jóvenes mantienen una relación con el trabajo marcada por nuevas búsquedas de sentido, autonomía y desarrollo personal. A la par, son la cohorte con más años de formación de la historia regional. El nudo del problema no es la desafección ni un desajuste de expectativas, sino una profunda asincronía: mientras las transformaciones sociales y educativas avanzaron rápido, la matriz productiva no se actualizó al mismo ritmo, generando una brecha crítica entre las aspiraciones juveniles y sus oportunidades reales.

O’Higgins, esta tierra fértil, rica en recursos y memoria agraria, enfrenta hoy el desafío estratégico de no abandonar su vocación, sino de elevar su complejidad. Contar con un sector agroalimentario desplegado por todo el territorio permite avanzar desde la exportación primaria hacia una industria sofisticada -procesamiento de alto valor, congelados, extractos naturales, ingredientes funcionales y nutracéuticos-. Esta transformación permite superar la inestabilidad estacional del campo tradicional, abriendo paso a cadenas de valor que garantizan mayores ingresos, estabilidad laboral y empleo calificado.

Esta transición exige una gobernanza territorial robusta -diálogo sostenido entre sector público, empresas, academia y comunidades- con incentivos a la innovación e inserción juvenil. Una agroindustria desarrollada genera empleo transversal que atraviesa múltiples disciplinas. Experiencias internacionales como Países Bajos y Nueva Zelanda demuestran que esta sofisticación puede ser viable, rentable y multidisciplinaria.

El capital humano de las nuevas generaciones es el activo central para volver a imaginar el desarrollo regional. Elevar el valor de lo que producimos es una urgencia territorial: para que esta tierra sea también fértil para los proyectos de vida de sus jóvenes.

El INDH y los nuevos desafíos: Hay que exigirle más

Se ha escrito mucho sobre la reforma constitucional impulsada por el Gobierno para crear un estado de excepción de seguridad pública, pero nada de su contracara.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos ha cumplido y debe seguir cumpliendo un rol institucional insustituible. Está llamado a alzar la voz cuando el Estado diseña herramientas que pueden vulnerar garantías fundamentales. La experiencia comparada advierte que este tipo de estados suelen propiciar vulneraciones de derechos humanos.

Quienes valoramos la labor del INDH debemos también invitarlo a una reflexión sincera y autocrítica. Su defensa debe trascender la protección de libertades civiles y políticas, debe abrir la mirada hacia formas más sutiles y estructurales de vulneración.

La propuesta amenaza efectos sobre derechos sociales, como la salud. Más allá, derechos como la protección medioambiental, muestran que existen vulneraciones asociadas a determinados patrones de desarrollo. Qué decir de la protección de datos frente al impacto de la tecnología, que plantean desafíos que el INDH aún no ha desarrollado activamente.

Defender la labor del Instituto no es incompatible con invitarlo a ser más. Más amplio en su mirada, más presente en agendas que son urgentes.

La seguridad no se construye restringiendo derechos, sino garantizándolos todos. No es un fin en sí mismo, sino un medio para que las personas puedan vivir con dignidad. Y esa dignidad no se agota en la ausencia de violencia, sino que exige salud, educación, medio ambiente sano, paz, participación y protección en el mundo digital. Por eso la seguridad no se trata solo de prevenir el delito, sino de garantizar condiciones para vivir dignamente.

El actuar institucional obliga a defender lo mínimo, pero también a mirar más lejos. El INDH puede y debe hacer ambas cosas.

¿Es necesario modificar la Constitución?

Me parece conveniente analizar la propuesta gubernamental de introducir en la actual Carta Constitucional algunos artículos que hagan posible llevar a cabo, con mayor fuerza jurídica, la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.

Me ha sorprendido la evidente confusión en que han caído algunos comentaristas y políticos, en cuanto a la procedencia y al alcance de tales modificaciones parciales.

Lo primero que conviene tener muy en claro, es que la actual Carta Constitucional ha recibido numerosas modificaciones, desde que entró en vigor el 11 de marzo de 1981. Las mayores las introdujo Ricardo Lagos, en 2005, que modificó numerosas de sus disposiciones.

Cabe preguntar, entonces: ¿qué tiene de novedoso, que el Presidente Kast pretenda agregarle algunos artículos nuevos, que en nada alteran el esquema organizacional y de derechos que contiene y que está vigente? No entiendo la algazara que el solo anuncio ha provocado, olvidando lo que acabamos de expresar.

Para otros, en cambio, hay una confusión, en cuanto se remiten a las dos fracasadas intentonas de reemplazar la actual Constitución por una nueva.

Obviamente, no son comparables situaciones tan disímiles, como es intentar reemplazar orgánicamente la Carta Constitucional por una enteramente nueva, con la sola intención de introducirle algunos artículos adicionales.

Se confunden peras con manzanas, y es sorprendente, viniendo de políticos de renombre, de quienes se espera mayor cultura jurídica.

El objeto central de proponer una reforma constitucional es darle mayor peso jurídico a las normas que se dicten, y mayor permanencia en el tiempo, porque para modificar la Constitución se requieren cuatro séptimos de los parlamentarios en ejercicio, y para modificar una ley común, basta con una simple mayoría.

Resumo: me parece perfectamente ajustado, necesario e indispensable, acoger las modificaciones propuestas por el Ejecutivo. No es nada nuevo bajo el sol, es lo que el pueblo soberano votó mayoritariamente, y oponerse a ello, es como el viejo cuento del español aquel, que cuando se unía a un grupo, preguntaba: «¿Qué se está tratando, para oponerme?».

Seguridad para aprender: Una responsabilidad de todos

La publicación de la Ley 21.827, Escuelas Protegidas, abre una discusión necesaria sobre qué condiciones debemos garantizar para que nuestros niños, niñas y jóvenes puedan aprender. La respuesta de nuestro Gobierno es clara: la seguridad no compite con la educación; es una condición indispensable para que ella ocurra.

En las últimas semanas hemos escuchado críticas que califican estas medidas como una forma de estigmatizar o criminalizar a los estudiantes. Es legítimo debatir, pero también debemos mirar esta discusión con sentido común.

Como sociedad aceptamos que al ingresar a un estadio, un recital o determinados recintos públicos y privados, nuestras pertenencias puedan ser revisadas. Esto, porque entendemos que existen normas de seguridad destinadas a proteger a quienes comparten esos espacios, entonces, ¿por qué habríamos de considerar ofensivo que una comunidad educativa pueda acordar resguardos preventivos para proteger un lugar tan importante como la escuela?

Escuelas Protegidas no establece una sospecha general sobre nuestros estudiantes. La revisión de mochilas no es obligatoria para todos, tampoco se autoriza revisiones corporales. La ley permite que cada comunidad incorpore estas herramientas en su reglamento interno, con procedimientos definidos y respeto a la privacidad, la honra, la igualdad y el debido proceso. Es decir, entrega facultades, pero también fija límites.

La intención es que toda la comunidad educativa pueda compartir un objetivo básico: que la violencia no interrumpa el derecho a enseñar ni el derecho a aprender.

Y no podemos reducir esta política a una mochila. La ley fortalece la autoridad pedagógica, permite respuestas correctivas y promueve la gestión colaborativa de los conflictos.

En O’Higgins queremos comunidades educativas donde exista diálogo, inclusión y apoyo, pero también reglas claras y autoridad. Proteger no es criminalizar. Prevenir no es estigmatizar. Establecer límites razonables es asumir una responsabilidad que, durante mucho tiempo, los establecimientos han enfrentado sin suficientes herramientas.

La escuela debe volver a ser ese espacio donde la principal preocupación de un estudiante sea aprender y desarrollar sus capacidades. Si somos capaces de aceptar normas para sentirnos seguros en espacios donde interactuamos socialmente, con mayor razón debemos ser capaces de construirlas juntos allí donde se juega el futuro de nuestros niños, niñas y jóvenes.

Mes del Corazón: prevenir hoy para vivir mejor mañana

Cada agosto, el Mes del Corazón nos invita a reflexionar sobre una realidad que como sistema de salud no podemos ignorar: las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, pero también gran parte de este riesgo puede prevenirse.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 17 millones de personas fallecen cada año por enfermedades cardiovasculares. En Chile, el infarto agudo al miocardio es una importante causa de mortalidad, con 34 muertes por cada 100 mil habitantes. Detrás de estas cifras hay personas y familias que enfrentan enfermedades que muchas veces son evitables.

Como Servicio de Salud O’Higgins, tenemos la responsabilidad de fortalecer la prevención y garantizar un acceso oportuno a la atención. Sin embargo, el cuidado cardiovascular también requiere un compromiso cotidiano. Hay factores que no podemos modificar, como la edad o los antecedentes familiares, pero otros sí dependen de nuestras decisiones: el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo de alcohol, una alimentación poco saludable y el exceso de peso.

La evidencia es clara: según la OMS, más del 80% de las enfermedades cardiovasculares podrían prevenirse mediante hábitos saludables. Cuidar nuestro corazón debe traducirse en acciones concretas: realizar actividad física, preferir frutas, verduras y legumbres, reducir el consumo de sal, mantener un peso saludable y evitar el tabaco.

También es fundamental controlar la presión arterial, el colesterol y la glicemia. Para quienes viven con enfermedades crónicas, mantener la adherencia a sus tratamientos y controles es igualmente importante.

Este Mes del Corazón quiero invitar a no esperar una señal de alerta para comenzar a cuidarnos. Un control pendiente, una caminata diaria, mejorar nuestra alimentación o dejar de fumar pueden parecer pequeñas decisiones, pero sostenidas en el tiempo pueden marcar una gran diferencia.

Como Red Asistencial seguiremos trabajando para acercar la prevención y el cuidado de las enfermedades crónicas a nuestra comunidad, no solo cuando las personas están enfermas, sino también para ayudarlas a mantenerse saludables.

Cuidar el corazón es cuidar nuestra vida y la de quienes queremos. Prevenir hoy es una de las mejores decisiones para vivir mejor mañana.

La otra cara de las nuevas generaciones

En un contexto en que el debate público suele centrarse en los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones, también existe una realidad que merece la misma atención: la de cientos de estudiantes que, con compromiso, solidaridad y vocación de servicio, dedican su tiempo a generar un impacto positivo en sus comunidades.

Durante los meses de invierno, más de 600 estudiantes de las Instituciones Santo Tomás participaron en los Trabajos Voluntarios de Invierno, colaborando en 12 comunidades del país y beneficiando a más de 400 personas. Junto a adultos mayores, dirigentes sociales, municipios y organizaciones comunitarias, contribuyeron al mejoramiento de viviendas, la recuperación de espacios públicos, el acompañamiento a personas y el fortalecimiento de organizaciones locales.

Más allá de las obras realizadas, estas experiencias plantean una pregunta de fondo: ¿qué tipo de profesionales necesita hoy nuestra sociedad? El conocimiento técnico es indispensable, pero resulta insuficiente si no va acompañado de habilidades como la empatía, el trabajo colaborativo, el liderazgo y el compromiso con el entorno

Hoy existe amplio consenso en que estas competencias son cada vez más valoradas para el desarrollo profesional y la construcción de sociedades más cohesionadas. En ese contexto, el voluntariado deja de ser una actividad complementaria para transformarse en una experiencia formativa que permite aprender enfrentando desafíos reales y trabajando junto a las comunidades.

En Santo Tomás, esa convicción se expresa a través de la Experiencia Tomasina, un modelo que promueve el desarrollo integral de los estudiantes mediante experiencias de liderazgo, participación y vinculación con el medio. Más que una actividad puntual, el voluntariado refleja una forma de entender la educación superior: formar profesionales comprometidos con el desarrollo del país y con las personas.

Cada vivienda mejorada, cada espacio recuperado y cada organización fortalecida representan un aporte concreto para las comunidades. Pero el mayor impacto está en quienes participan, porque comprenden que el éxito profesional también implica responsabilidad social.

En tiempos en que muchas veces predomina una mirada crítica sobre las nuevas generaciones, experiencias como esta recuerdan que miles de jóvenes están dispuestos a involucrarse y aportar al bienestar común. Esa es, quizás, una de las contribuciones más valiosas que puede hacer hoy la educación superior.

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