Me parece conveniente analizar la propuesta gubernamental de introducir en la actual Carta Constitucional algunos artículos que hagan posible llevar a cabo, con mayor fuerza jurídica, la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.
Me ha sorprendido la evidente confusión en que han caído algunos comentaristas y políticos, en cuanto a la procedencia y al alcance de tales modificaciones parciales.
Lo primero que conviene tener muy en claro, es que la actual Carta Constitucional ha recibido numerosas modificaciones, desde que entró en vigor el 11 de marzo de 1981. Las mayores las introdujo Ricardo Lagos, en 2005, que modificó numerosas de sus disposiciones.
Cabe preguntar, entonces: ¿qué tiene de novedoso, que el Presidente Kast pretenda agregarle algunos artículos nuevos, que en nada alteran el esquema organizacional y de derechos que contiene y que está vigente? No entiendo la algazara que el solo anuncio ha provocado, olvidando lo que acabamos de expresar.
Para otros, en cambio, hay una confusión, en cuanto se remiten a las dos fracasadas intentonas de reemplazar la actual Constitución por una nueva.
Obviamente, no son comparables situaciones tan disímiles, como es intentar reemplazar orgánicamente la Carta Constitucional por una enteramente nueva, con la sola intención de introducirle algunos artículos adicionales.
Se confunden peras con manzanas, y es sorprendente, viniendo de políticos de renombre, de quienes se espera mayor cultura jurídica.
El objeto central de proponer una reforma constitucional es darle mayor peso jurídico a las normas que se dicten, y mayor permanencia en el tiempo, porque para modificar la Constitución se requieren cuatro séptimos de los parlamentarios en ejercicio, y para modificar una ley común, basta con una simple mayoría.
Resumo: me parece perfectamente ajustado, necesario e indispensable, acoger las modificaciones propuestas por el Ejecutivo. No es nada nuevo bajo el sol, es lo que el pueblo soberano votó mayoritariamente, y oponerse a ello, es como el viejo cuento del español aquel, que cuando se unía a un grupo, preguntaba: «¿Qué se está tratando, para oponerme?».






