Una imagen que, lamentablemente, no excepcional. La mañana de este lunes, al llegar cómo cada día a cumplir las labores que conlleva el trabajo periodístico, el equipo de El Tipógrafo se encontró con lo que muchas familias han debido enfrentar en el país. Delincuentes, teorizamos que más de uno, robaron equipos, televisores e inclusive implementos personales de las personas que son parte del equipo de prensa.
La primera sensación al ver todo revuelto, al experimentar en primera persona todo lo que significa, es mas bien de desconcierto. Con el pasar de los minutos vas racionalizando, entendiendo que la realidad de lo que muchas veces comunicamos como una noticias, hoy nos tocó a nosotros.
Siempre dicen que las cosas materiales se recuperan, pero la sensación de pérdida va más allá. Es la vulnerabilidad del ingreso forzado de desconocidos a un lugar, que consideramos parte central de nuestras vidas, seguro.
Lo que siguió, es lo que muchas personas han tenido que vivir. La denuncia en Carabineros, la revisión de lo robado, el que te comuniquen que el procedimiento va a Fiscalía y que será el persecutor quien determine si Carabineros o la PDI serán los encargados de continuar con la investigación. En palabras simple, toda la burocracia que significa ser víctima de un delito.
Lo que vivió el equipo de el Tipógrafo es solo un caso, uno de los trece robos que nos informaron han ocurrido solo en estos días en el centro de Rancagua, seguramente si hacemos un recuento de un tiempo más extenso los números nos sorprenderían, y no de buena manera.
Cuando informamos que la ciudadanía se siente cada vez menos segura, que la delincuencia se está tornando recurrente y los delitos más violentos, no tiene una intención subyacente se generar un clima en particular, sino cumplir la labor de informar lo que pasa.
Insistimos, tenemos la seguridad de que no se trata de una situación excepcional, que con este relato muchas personas se deben haber identificado y el lamentarse es la parte mas breve de todo el proceso.
Porque cuando te toca, en lo que parece ser una rueda de la fortuna cada vez más proclive a que te transformes en víctima, surge, inevitablemente, el demandar que las instituciones encargadas de la seguridad funcionen, que los procesos terminen de una manera, que sin bien no restituirá todo lo vivido -y lo perdido- al menos haya una sensación de que actuó la justicia.
Que sujetos, en minutos, se lleven el esfuerzo y trabajo de las personas, nunca va a estar bien. No podemos acostumbrarnos a que esto sea parte de ‘lo que pueda pasar’. Y para ello es imperativo que quienes tienen la autoridad para tomar cartas en el asunto, lo hagan, con mayor el sentido de urgencia que el país vienen necesitando desde hace un tiempo ya.






