Durante años, los tornados fueron considerados un fenómeno excepcional en Chile. Sin embargo, esa percepción cambió entre el 30 y el 31 de mayo de 2019, cuando una serie de tornados afectó localidades de las regiones del Biobío y La Araucanía, causando graves daños en ciudades como Los Ángeles, Concepción y Talcahuano, además de dejar cientos de viviendas destruidas y miles de personas afectadas.
Ese episodio dio origen a una investigación publicada en el Bulletin of the American Meteorological Society, que reconstruyó el mayor brote de tornados documentado en la historia del país. El estudio concluyó que estos fenómenos no corresponden a un evento aislado, sino que pueden volver a desarrollarse cuando coinciden determinadas condiciones atmosféricas.
Los investigadores identificaron que la combinación de una intensa inestabilidad atmosférica, abundante humedad, un sistema frontal activo y una marcada cizalladura del viento favoreció la formación de tormentas severas capaces de generar tornados, condiciones que pueden presentarse en el centro-sur de Chile.
Fortalecer el monitoreo
Uno de los coautores del estudio es el académico del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O’Higgins (UOH) e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Raúl Valenzuela, quien sostuvo que el país aún mantiene una importante brecha en materia de monitoreo meteorológico.
«Los radares Doppler son instrumentos ideales para estudiar fenómenos de lluvia y viento de escala regional y subregional, pero Chile no cuenta con una red de este tipo. Cualquier sistema de alerta construido únicamente con estaciones meteorológicas será local y mucho más propenso a falsas alarmas», explicó.
El investigador detalló que, a diferencia de las estaciones meteorológicas, los radares permiten observar la evolución completa de una tormenta, seguir su desplazamiento, estimar la intensidad de las precipitaciones e identificar la rotación de las nubes que puede anteceder a la formación de un tornado. Esa información resulta clave para mejorar los pronósticos de corto plazo y entregar alertas con mayor anticipación.
Asimismo, indicó que la zona comprendida entre las regiones de Ñuble y Los Lagos concentra históricamente la mayor parte de los tornados y trombas marinas registrados en Chile, por lo que una red de radares permitiría monitorear estos fenómenos de manera permanente y complementar la información obtenida mediante satélites y estaciones meteorológicas.
Preparación frente a futuros eventos
A siete años del brote de tornados de 2019, el estudio plantea que el desafío ya no es determinar si estos fenómenos pueden ocurrir en Chile, sino fortalecer las herramientas disponibles para anticiparse a ellos y reducir sus consecuencias.
«No podemos evitar que se produzcan tormentas severas o tornados, pero sí podemos detectarlos con mayor anticipación y entregar información oportuna para reducir sus impactos. La ciencia ya demostró que estos fenómenos forman parte de nuestra realidad; ahora corresponde avanzar en las capacidades de monitoreo y alerta temprana», concluyó Valenzuela.
Los autores de la investigación sostienen que avanzar en sistemas de observación más robustos permitirá mejorar la respuesta frente a eventos meteorológicos severos y aumentar la preparación de las comunidades ante un riesgo que, aunque poco frecuente, forma parte de la realidad climática del país.






