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O'Higgins entra en el corazón de la temporada de incendios forestales


La región mantiene 25 brigadas operativas y un sistema de apoyo interregional para combatir el fuego en el mes de mayor riesgo del año.

JUEVES, 29 DE ENERO DE 2026
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Publicado por

Alejando León



La Región de O’Higgins atraviesa hoy el punto más complejo de su calendario forestal. Con el mes de febrero a la vuelta de la esquina y la población volcándose masivamente hacia la costa, el campo, los ríos o la precordillera, de acuerdo a la tradicional costumbre nacional de preferir el segundo mes del año para el descanso familiar anual, las autoridades de Conaf advierten que, aunque las cifras de daño superficial son positivas, el peligro está lejos de haber pasado.

De hecho, nos encontramos en el centro exacto de la temporada 2025-2026, el periodo donde el calor extremo y el estrés hídrico de la vegetación no perdonan descuidos.

A la fecha, la región contabiliza 279 incendios forestales, un 3% más que el año pasado. Sin embargo, la superficie afectada ha caído drásticamente un 45%, sumando 2.396 hectáreas. Este respiro estadístico tiene una explicación técnica clara: el Golpe Único.

Según explica Óscar Galdames, director regional de Conaf, «esta estrategia de trabajo del Golpe Único ha sido muy fundamental hoy en día para evitar el avance de un incendio». Este plan de acción es simple pero agresivo: golpear con todo el recurso disponible, humano y material, apenas se detecta el primer humo que puede derivar en un siniestro. Y en esto, la tecnología de vigilancia y la activación de los protocolos de acción son fundamentales.

Pero el escenario ha cambiado. Galdames, con 35 años en la institución, observa cómo el cambio climático y la migración urbana hacia el campo han modificado las reglas del combate. Las parcelaciones en comunas como Litueche o La Estrella han creado las llamadas zonas de interfaz, donde el bosque y las casas se mezclan peligrosamente.

Es una realidad cruda que la institución ya asume como parte de su planificación operativa, pero también preventiva. Al respecto, el director es enfático sobre los riesgos de vivir inmersos en la vegetación: «Hoy en día es muy difícil que no se queme alguna vivienda durante la temporada». De esta manera, el mantener el entorno de las casas limpio de maleza y pasto seco o la limpieza rigurosa de canaletas, donde suelen saltar pavesas o chispas que inician el fuego en el techo, son recomendaciones que parecen simples pero conllevan a la corresponsabilidad urgente que deben asumir las familias que habitan en parcelaciones rurales.

Por esto Galdames destaca el trabajo interinstitucional entre las policías, bomberos, y de los alcaldes y los municipios de la región, quienes funcionan como los primeros sensores en el territorio, alertando directamente a la dirección regional incluso antes de que los sistemas confirmen un potencial foco, permitiendo que el «Golpe Único» resulte positivamente.

La gestión de las crisis también ha puesto a prueba la solidaridad institucional. En este sentido, O’Higgins ha destinado aeronaves y brigadas para apoyar las tragedias en Ñuble y Biobío, sin que esto signifique dejar desprotegida a la región.

Esto se logra mediante un protocolo de apoyo mutuo que Galdames define con claridad: «Cada una de las regiones va haciendo el traspaso de sus recursos hasta llegar a las regiones que están siendo afectadas». Es un efecto escalera que garantiza que, si O’Higgins enfrenta una emergencia, el nivel central activará de inmediato el apoyo de las regiones vecinas.

En el ámbito administrativo, la entidad atraviesa actualmente su transformación histórica hacia el nuevo Servicio Nacional Forestal (Sernafor), proceso legal iniciado el año pasado que, entre otras facultades, dota al organismo de una mayor capacidad de fiscalización y coordinación con Senapred para la planificación y ejecución de acciones de protección contra incendios, elevando el estándar de prevención a nivel nacional.

Finalmente, aunque la estructura legal cambie a Sernafor, Galdames confirmó que los símbolos de prevención se mantienen. «No se pierde Forestín… ya se pueden quedar tranquilos», concluyó, reafirmando que la identidad de la institución seguirá ligada a la educación ambiental en medio de este cambio.

Mientras el icónico coipo sigue vigente, el llamado es a la responsabilidad extrema para no sumar nuevas hectáreas a las cenizas durante este peak de febrero que ya comienza.


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