Tres robos en menos de un mes, pérdidas que rondan los $5 millones y daños reiterados en la infraestructura mantienen en una compleja situación a la farmacia Farma Vecina, ubicada en calle Astorga 319, en el centro de Rancagua. Su propietario, el químico farmacéutico Eric Soto, denunció una seguidilla de delitos que, según relató, ha afectado al local durante las últimas semanas y que tuvo un nuevo episodio la noche del miércoles.
De acuerdo con el testimonio del comerciante, los responsables ingresan por el techo, utilizando herramientas para romper las estructuras y acceder al interior del establecimiento. En cada ocasión, sustraen dinero de las cajas y mercadería, mientras también provocan daños que obligan a realizar reparaciones para mantener el negocio funcionando.
“Cada vez se llevan los fondos, que son unos $200 mil, y en mercadería se llevan un millón de pesos cada vez”, explicó Soto, quien estimó que las pérdidas acumuladas, considerando los productos sustraídos, las reparaciones y los materiales, ya se acercan a los $5 millones.
El propietario sostuvo que los responsables utilizan herramientas y han roto cadenas, candados y otros elementos instalados para reforzar la seguridad del recinto. Además, denunció que durante los ingresos han cortado la fibra óptica y retirado componentes de las cámaras de vigilancia, dificultando las medidas de protección que ha intentado implementar.
Sustracción de medicamentos controlados
Uno de los aspectos que más preocupa al dueño de Farmadecina es la sustracción de medicamentos sujetos a control sanitario. Soto indicó que los responsables han accedido a espacios donde se almacenaban psicotrópicos y estupefacientes, pese a que estos productos deben mantenerse bajo resguardo.
El farmacéutico explicó que los robos de este tipo de medicamentos implican realizar las denuncias correspondientes para justificar las pérdidas ante el Servicio de Salud. Sin embargo, la reiteración de los hechos ha complicado el funcionamiento cotidiano del establecimiento.
Soto afirmó que ha debido modificar el lugar donde mantiene estos productos para evitar nuevos robos. También señaló que la frecuencia de los delitos ha generado dificultades adicionales para continuar abasteciendo la farmacia con determinados medicamentos.
Cuestionamientos a la vigilancia en el sector
El propietario manifestó su preocupación por la falta de rondas preventivas en el sector, especialmente durante la madrugada, cuando se encuentra de turno la farmacia. Según su relato, anteriormente observaba presencia de Carabineros, pero asegura que actualmente no advierte patrullajes suficientes, ni de la policía uniformada ni de los equipos municipales de seguridad.
“Yo hago farmacia de turno, entonces Carabineros antes pasaba ronda. Ahora ni guardias municipales ni Carabineros pasan. Es tierra de nadie”, reclamó.
El comerciante también señaló que, a su juicio, los responsables actuarían de manera coordinada. Como antecedente, mencionó registros de un estacionamiento ubicado frente al local, donde habría observado un automóvil con las luces intermitentes encendidas cerca de las 3:00 de la madrugada.
Además, sostuvo que otros establecimientos comerciales habrían sufrido robos mediante un procedimiento similar, aprovechando las características de las construcciones antiguas y las vulnerabilidades de sus techumbres.
Un negocio familiar en riesgo
Eric Soto trabaja en Farma Vecina junto a su esposa y su hijo. La familia lleva diez años en el local y, según recordó, durante ese período había sufrido uno o dos robos aislados, pero nunca una seguidilla como la registrada durante octubre.
La situación actual se suma a las dificultades económicas que, de acuerdo con el propietario, han afectado las ventas del establecimiento, que calcula han disminuido cerca de un 50%.
A ello se agregan los costos de arriendo y las reparaciones que deben realizar después de cada ingreso. El farmacéutico indicó que la antigüedad de la infraestructura hace más compleja la reposición de los elementos dañados y que no existe disposición para asumir nuevas inversiones de esa magnitud.
“Ya estoy pensando en dejar este negocio”, reconoció Soto, quien advirtió que mantener abierto el local se vuelve cada vez más difícil ante la reiteración de los robos y los gastos asociados.








