La economía nacional encendió las alarmas al registrar una caída de 0,5% en el primer trimestre de 2026, anotando su peor inicio de año desde la gran crisis financiera mundial de 2009.
La baja, que fue más profunda de lo que proyectaban los expertos, rompe la racha de alivio que exhibía el país hasta el año pasado. La explicación de este freno es simple: Chile gastó más hacia afuera de lo que logró vender al mundo.
De esta manera, las exportaciones se desplomaron debido al mal momento de los tres pilares de nuestra producción: la minería (golpeada por la menor calidad del cobre y faenas paralizadas), la agricultura (con menos envíos de frutas como cerezas y uvas) y una histórica caída en la pesca.
En la vereda contraria, el bolsillo de los chilenos amortiguó el golpe, ya que el consumo en servicios diarios —como salud, micros, colectivos, restoranes y turismo— siguió activo, evitando que la caída fuera un desplome más acentuado.






