La posibilidad de que el fenómeno climático de El Niño regrese durante esta temporada otoño-invierno comienza a tomar fuerza. Así lo advirtió la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), organismo que estimó una probabilidad del 82% de que el evento se desarrolle entre mayo y julio de este año.
El fenómeno de El Niño corresponde al calentamiento de la temperatura superficial del océano Pacífico Tropical, principalmente frente a las costas de Ecuador y Perú. Esta variación térmica altera el comportamiento climático a nivel global, modificando los patrones meteorológicos y generando efectos como lluvias intensas en algunas zonas y sequías en otras. Generalmente ocurre cada dos a siete años y puede extenderse durante varios meses.
En conversación con El Tipógrafo, la meteoróloga de la Oficina de Servicios Climáticos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), Catalina Medina, explicó que los modelos actuales mantienen una alta probabilidad de desarrollo del fenómeno durante gran parte de 2026.
“Tenemos esta perspectiva del Niño por sobre el 50% hasta finales de año. De hecho para el trimestre junio, julio, agosto y para los meses también de primavera, la probabilidad del Niño es del 90%”, sostuvo la especialista.
Pese a las altas probabilidades, desde la DMC advierten que aún es complejo determinar con exactitud la intensidad que podría alcanzar este fenómeno. No obstante, los primeros análisis apuntan a un evento entre moderado y fuerte.
Sin embargo, Medina llamó a la cautela respecto a los efectos que podría provocar, recordando que un evento intenso no necesariamente se traduce en mayores precipitaciones. “El año 2015, que fue el Niño catalogado más intenso que hemos tenido en la historia, no logró terminar el año con un superávit de precipitación; de hecho, terminó el año con un déficit”, indicó.
Posibles efectos en la Región de O’Higgins
Sin embargo, el regreso de este fenómeno trae a colación cómo hace una década existían proyecciones similares para la zona central del país, especialmente para regiones como Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins, donde finalmente hubo un déficit en cuanto a precipitaciones.
Para esta temporada, los modelos climáticos muestran otro escenario. Según explicó Medina, entre mayo y julio las precipitaciones podrían ubicarse “entre rangos normales y sobre lo normal (…) Para Rancagua, por ejemplo, los rangos de lo normal van desde los ciento cuarenta y tres a los doscientos sesenta y seis milímetros, por lo que las precipitaciones deberían comportarse dentro de este parámetro o por sobre los doscientos sesenta y seis”, señaló.
Además apuntó que “las estaciones que tenemos en gran parte de esta zona dan a entender un pronóstico normal a sobre el promedio”, detalló.
Respecto a las temperaturas y heladas, desde la DMC señalan “nos da un pronóstico más bien categórico, que eso quiere decir que los modelos en sí están confiando a una categoría por debajo de lo normal”, señaló la especialista.
En esa línea, Medina insistió en que “es difícil a la hora de pronosticar una categoría trimestral o un pronóstico trimestral, ya sea de precipitación o temperatura, porque nosotros vemos condiciones a nivel global”, cerró.






