Autoridades inauguraron el Centro de Desarrollo Infanto-Adolescente (CDI) de San Fernando, obra financiada por el Ministerio de Salud que responde a una necesidad de la comunidad.
El nuevo recinto, orientado a usuarios entre 0 y 18 años, busca promover el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social mediante la detección temprana de dificultades y la intervención oportuna, con especial énfasis en trastornos del neurodesarrollo como el Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Para su implementación inicial, el Servicio de Salud O’Higgins realizó una inversión de $129.948.823, señalando que con esto fortalecen la red pública con prestaciones especializadas y avanzando en la implementación de la Ley N.º 21.545, conocida como Ley TEA, que promueve la inclusión, la no discriminación y el acceso oportuno a la salud. Asimismo, el recinto cuenta con aporte municipal destinado al mejoramiento de la infraestructura.
“Como Servicio estamos orgullosos de haber aportado más de 129 millones de pesos para mejorar las condiciones de atención de niños y niñas, no solo en el tratamiento, sino también en su integración social, apoyando a las familias con profesionalismo, cercanía y acogida”, destacó durante la ceremonia, la directora del Servicio de Salud, Margarita Yercic.
La autoridad de salud añadió que este CDI funciona a través de un equipo multidisciplinario que realiza evaluaciones, diagnósticos y tratamientos personalizados, incorporando además el acompañamiento a las familias y el fortalecimiento de redes de apoyo, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de los usuarios y sus cuidadores.
Sobre lo anterior, el alcalde de San Fernando, Pablo Silva, indicó que “este centro viene a dar mayor bienestar a nuestros niños, niñas y adolescentes, con más inclusión y con un equipo especializado en trastornos TEA, déficit atencional y otras condiciones. Es un tremendo aporte para la comunidad, especialmente en un sector con alta presencia de familias y niños”.
Daniela Rebolledo, madre de dos niños con autismo y usuaria del centro, valoró el impacto del CDI en su experiencia familiar: “Aquí he visto avances reales en mis hijos. Las terapias son más constantes y eso se nota, especialmente en el desarrollo del lenguaje y en su autonomía. Además, el apoyo no es solo para ellos, sino también para nosotros como familia”.






