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Columnas de Opinión

La tómbola educativa: Sin mérito y con incertidumbre

MARTES, 30 DE DICIEMBRE DE 2025


En Chile, cada fin de año, miles de familias viven un proceso que mezcla ilusión, ansiedad y, muchas veces, frustración: la postulación al Sistema de Admisión Escolar (SAE). Para quienes somos sostenedores de colegios particular subvencionados gratuitos, seguimos viendo en este rito anual las mismas preguntas y temores de los papás, y las mismas falencias del azar.

El SAE nació con una promesa loable: terminar con la selección arbitraria, las entrevistas a los apoderados, las “pruebas de admisión” y la presión —a veces explícita, a veces disfrazada— que ejercían algunos establecimientos. El sistema buscaba corregir décadas de discrecionalidad y manipulación de cupos. Y, en gran parte, lo logró.

Pero la corrección de una injusticia no asegura la justicia del nuevo modelo.

Una tómbola justa… pero ciega

El sistema es, en efecto, justo en su diseño: la asignación depende de las preferencias de la familia, algunos criterios objetivos y —cuando los postulantes exceden los cupos— un mecanismo aleatorio.

Sin embargo, esa neutralidad ha derivado en algo difícil de explicar a las familias: lo aleatorio no siempre es percibido como justo.

Los casos se repiten año a año: estudiantes de trayectoria impecable que no quedan en sus primeras preferencias; hermanos separados; niños que no obtienen continuidad al pasar a enseñanza media; y jóvenes que deben migrar a establecimientos donde no desean estar.

En el Colegio El Principito vivimos esa escena cada año: alumnos excelentes que deben postular a enseñanza media sin ninguna garantía de continuidad. Ni el mejor alumno tiene colegio asegurado. Y eso es difícil de explicar y de sostener emocionalmente para las familias.

El sistema no conversa con las trayectorias

La educación es un proceso de largo plazo, hecho de vínculos, estabilidad y pertenencia. El SAE, en cambio, evalúa cada postulación como si fuera un caso nuevo, sin historia ni méritos acumulados. Aquí está el nudo del problema: el sistema eliminó la arbitrariedad, pero también eliminó la meritocracia.

Hacia un equilibrio necesario

No se trata de volver al pasado ni de reabrir espacios para la selección encubierta. Se trata de avanzar hacia un modelo que mantenga la transparencia del actual, pero que reconozca la trayectoria de los estudiantes, asegure continuidad y devuelva coherencia entre pertenencia, esfuerzo y comunidad.

Las familias no están pidiendo privilegios; están pidiendo certezas. Y es hora de que el sistema se las dé.


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