Cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis, una fecha destinada a concienciar sobre esta enfermedad infectocontagiosa que, a pesar de los avances médicos, sigue representando un problema de salud pública. En esta ocasión, la doctora Mónica Sánchez, referente médico del Programa de Tuberculosis del Servicio de Salud O’Higgins, entrega información clave sobre la detección y prevención de esta afección.
Síntomas de alerta
Según la doctora Sánchez, la tuberculosis afecta principalmente las vías respiratorias y se propaga por la inhalación de pequeñas gotas expulsadas al toser o hablar. Sus síntomas principales incluyen:
● Tos prolongada por más de 14 días con expectoración.
● Pérdida de peso sin explicación aparente.
● Sensación de fatiga constante.
● Fiebre o febrícula vespertina.
● Sudoración nocturna intensa.
Impacto de la pandemia en los casos de tuberculosis
De acuerdo con la especialista, la crisis sanitaria del COVID-19 afectó la detección temprana de la tuberculosis, ya que muchas personas dejaron de acudir a los centros de salud. «Tras la pandemia, se registró un incremento en los diagnósticos, lo que evidencia la necesidad de reforzar la concienciación y el acceso a la detección oportuna», explicó.
Acceso al diagnóstico y tratamiento
El examen de detección de la tuberculosis, que se realiza mediante una muestra de tos, está disponible de manera gratuita en toda la red asistencial de salud, incluyendo CEFAN y postas. «Es fundamental que quienes presenten tos con expectoración prolongada informen a los profesionales de salud para acceder al diagnóstico oportuno«, enfatizó la doctora Sánchez.
El tratamiento, basado en antibióticos de administración diaria, es completamente gratuito y tiene una duración de seis meses. «Este tratamiento es supervisado directamente por el personal de salud para asegurar su efectividad y evitar abandonos que puedan generar resistencia a los medicamentos», agregó la especialista.
Grupos de riesgo y prevención
Si bien la tuberculosis afecta a cualquier persona, existen grupos con mayor riesgo de contagio, como:
● Personas en contacto con enfermos de tuberculosis.
● Migrantes provenientes de países con alta incidencia de la enfermedad.
● Personas en situación de calle.
● Pacientes con enfermedades inmunosupresoras, como VIH o diabetes no controlada.
● Adultos mayores con sistemas inmunológicos debilitados.
«Para evitar la propagación de la enfermedad, se realizan estudios de contacto en el entorno de los pacientes diagnosticados, y en caso necesario, tratamientos preventivos», destacó la doctora Sánchez.
Un esfuerzo continuo por el control de la tuberculosis
Gracias a los programas de control, Chile ha logrado reducir significativamente la mortalidad por tuberculosis. Sin embargo, la enfermedad sigue presente y requiere un compromiso constante por parte de la comunidad y del sistema de salud para prevenir su avance.
En el pasado, la tuberculosis representaba una de las principales causas de muerte, con pacientes que alcanzaban estados graves debido a la falta de tratamientos efectivos. Hoy, gracias a la detección temprana y los avances en la medicina, la enfermedad es tratable y controlable.