Al menos la vida no lo es, ya que en las más diversas oportunidades enfrentamos dificultades, más o menos complejas, que hacen replantearnos, en menor o mayor medida, la trascendencia de lo que hacemos o las aspiraciones que poseemos.
La ausencia de salud, las dificultades económicas, los problemas laborales, las siempre difíciles relaciones humanas, el desamor e infinidad de aspectos más, nos llevan muchas veces por el camino de la desolación, la angustia y la infelicidad.
Nos enfrentamos a ellas de las más diversas formas, como con la resiliencia, que nos permite soportar el supuesto castigo que nos impone el vivirlas, o con la religión que mitiga y adormece sus efectos, como también con la indiferencia de no hacerles caso, dejando que se solucionen solas, o aumenten, en cuyo caso será evidente que no tienen solución.
Cada día enfrentamos desafíos y riesgos, que de alguna forma pueden afectar nuestra felicidad y de no ser así, al menos nuestro bienestar.
Uno de los grandes cantantes de Latinoamérica mencionaba en una de sus canciones; “No vale nada la vida, la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba”.
Pero como sabemos, ello no siempre es cierto, o a lo menos no debería serlo, porque pese a las más variadas dificultades y a los complejos que sean los tiempos, la vida es maravillosa, irremplazable e inigualable.
Ello es evidente cuando un ser humano en las postrimerías de su vida y por mucho que tenga una edad avanzada, se aferra a ella y la disfruta, aunque sea desde la cama donde se encuentra postrado.
¿Por qué es así?, la verdad es que no lo sé, ya que aún no he llegado a esa etapa en mi vida, pero sospecho seriamente que la explicación está, en el hecho que al no conocer nadie el más allá, ni tener certeza de su existencia, la vida es la única fuente de felicidad.
Nos ofrece amor, amistad y alegría, entre otras muchas cosas, a las que podemos acceder si realmente lo intentamos y si no, siempre estará presente la esperanza de algún día lograrlo y ese solo hecho, créalo o no, es suficiente para vivirla ilusionado y expectante, no importa que edad se tenga, ni menos donde se viva y que bienes materiales se posean.
Así es sin duda, la vida nos enfrenta a dificultades, pero no olvide que nadie dijo que sería fácil, solo queda vivirla bien, ese es nuestro desafío. Por último, no nos engañemos, no existe ningún sustituto de ella.







