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Columnas de Opinión

Canción de Vida II

LUNES, 5 DE JULIO DE 2021


Hermano, hermana, como nos enseñó María Teresa Ruiz, Premio Nacional de Ciencias, somos hijos de las estrellas. Como el universo es un todo, y nosotros somos parte de él, nuestros cuerpos están formados por la misma materia que tú miras con fascinación y asombro, brillando en la inmensidad de la noche.

Piensa y siente, hermano, hermana, la maravilla que significa que tus manos que acarician, que tu boca que besa, que tu corazón que ama, que tu cerebro que razona, tienen su origen en las estrellas, lucen su misma materia y estructura cuántica, y que desde el primer vagido del universo, estuvo escrito que tú y yo existiríamos, que nos encontraríamos y conversaríamos, aunque sea a la distancia,  como lo hacemos en este momento.

Eso explica, hermano, hermana,  el por qué siempre soñamos con las estrellas, subir a las alturas y llegar hasta ellas, porque son nuestras madres, somos sus hijos, y queremos de alguna manera confundirnos con el seno materno, que ellas representan. Recuerda a Margarita Debayle, la hermosa niña a la cual Rubén Darío le dedicó uno de sus más hermosos poemas, que subió hasta el cielo, que por las olas y por el viento, fue a la luna y más allá, a buscar una dulce estrella que la hacía suspirar. Define fielmente nuestra constante vocación humana de contemplar el firmamento con admiración, asombrados del secreto inmenso de su creación, intuimos que allí está nuestro origen.

Hermano, hermana, lo que te digo explica por qué nuestras almas brillan, relucen, como esas estrellas magnificentes. ¿No te has percatado de ello? Sí, el brillo de nuestras almas proviene de que somos hijos de las estrellas, y por eso, tal cual ellas, debemos iluminar nuestro entorno, mostrar la luz que tenemos dentro de nuestro ser, la dicha de espantar las sombras con el misterio maravilloso de esa luz. La luz del alma espanta la mentira, hace relucir la verdad, aleja el odio, impide que nazca la envidia y el rencor, hace florecer el amor, la amistad, la fraternidad, la tolerancia. Así como las estrellas iluminan la amplitud del firmamento nocturno, así la luz de nuestras almas debe iluminar el mundo y hacerlo cada vez mejor.

Como hijos de las estrellas que somos, debemos mirar siempre hacia lo alto, abrirnos hacia las grandes cosas, no empequeñecernos, exultar alegría de vivir, de compartir tan maravillosa calidad. Siempre adelante, hermano, hermana, guiado por la plateada luz que las estrellas nos entregan cada noche.



Acerca de Mario Barrientos Ossa.
Nació en Rancagua. Egresó del Instituto Nacional y cursó Derecho en la Universidad de Chile. Es Diplomado en Administración Pública y Magíster en Derecho de la misma casa de estudios. Se desempeñó como Contralor Regional y subjefe del Departamento de Estudios de la Contraloría. Posteriormente, fue Asesor Jurídico de la División El Teniente. A contar de 1994 ejerce liberalmente la profesión en su Estudio Jurídico. Fue alcalde de Rancagua y uno de los cofundadores de la Universidad Leonardo da Vinci. Fue profesor en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y en la Universidad de Aconcagua, cuya Revista de Derecho creó y dirigió. Se desempeñó como Abogado Integrante de la Corte de Apelaciones de Rancagua.
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