Lo que comenzó con un hombre recorriendo las calles para vender pan, hoy se ha convertido en un ejemplo de perseverancia y reconocimiento regional. Desde la comuna de Olivar, la panadería Erantoisica obtuvo el primer lugar en la quinta versión del concurso “La Mejor Marraqueta de la Región” 2026, imponiéndose entre 18 participantes de O’Higgins.
El certamen, desarrollado en Rancagua, fue organizado por la Federación Gremial de Panaderos, Indupan O’Higgins y el Centro de Innovación Gastronómica de Inacap, con el acompañamiento del Gobierno Regional. La competencia evaluó aspectos como el aroma, la crocancia y la presentación.
Detrás de este logro está Erwin Díaz, quien comenzó en el rubro a los 24 años como repartidor de pan. Tras aprender el oficio, logró independizarse y levantar su propia panadería en casa, negocio que hoy lleva cerca de 11 años funcionando junto a su esposa. Su nombre, Erantoisica, reúne los nombres de integrantes de la familia: Erwin, Antonia, Isidora y Catherine.
Su jornada comienza cerca de las once de la noche y se extiende hasta las seis de la mañana, cuando inicia el reparto hacia seis almacenes de Olivar, Requínoa y Coinco, ya que la panadería funciona como una pequeña fábrica familiar sin local de venta al público. Pese a las exigencias del oficio, mantiene métodos tradicionales, como la elaboración de pan a pastelón y el uso de hornos construidos por él mismo.
Uno de los secretos de su marraqueta es el tiempo de preparación, que puede alcanzar entre cinco y seis horas antes de ingresar al horno, permitiendo obtener un pan de gran tamaño, pero de textura liviana. “Cuando logré encontrar la receta que quería, la dejé escrita y desde entonces no me salgo de esos parámetros. Creo que el secreto está en darle tiempo a la marraqueta, porque así queda mucho más liviana. Este premio nos ha dado bastante popularidad y demuestra que los pequeños emprendedores también podemos destacar”, señaló Erwin.
Actualmente, el negocio produce diariamente entre 1.500 y 1.700 hallullas, 300 a 350 marraquetas y cerca de 80 panes dulces, destinados principalmente a abastecer seis almacenes. Aunque el reconocimiento ha despertado el interés de nuevos clientes, Erwin prefiere crecer con cautela, ya que aumentar la producción implicaría asumir mayores costos. Por ahora, su prioridad es conservar la esencia familiar de un emprendimiento que, tras años de dedicación, consiguió llevar el nombre de Olivar a lo más alto de la panadería regional.






