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[Especial 'Orgullo Regional] A 10 años de los '33': Manuel González revive el histórico rescate de la mina San José

VIERNES, 16 DE OCTUBRE DE 2020
Publicador por

Jaime Castañeda

Editor El Tipógrafo

“Uno ve con el tiempo que es tan difícil lograr lo que hicimos", asegura.


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Ya pasó una década. Manuel González, de profesión socorrista, fue el primero en bajar al rescate de 33 mineros quienes, tras un derrumbe, permanecieron más de 70 días atrapados en la mina San José en Atacama.

Pasó allí 27 horas, trabajando en un turno extenso y sin opción de descanso. Cargado de adrenalina, instruido sobre cada paso necesario para garantizar el éxito del Operativo San Lorenzo.

En conversación con diario El Tipógrafo, Manuel González  nos cuenta detalles de esta historia que tuvo a los ojos del mundo puestos en Chile.

¿Dónde estabas cuando te avisaron que ibas a formar parte del rescate de los mineros?

Estaba trabajando acá en El Teniente. Pertenezco a la Brigada de Rescate hace 20 años y estaba más o menos enterado de lo que había pasado y estábamos siempre pendientes de que nos pudieran llamar.

En esos días, ¿tuvieron alguna preparación?

Sí, tenemos actividades mensuales de preparación en caso de alguna emergencia y esta no era la excepción. Aparte que en esos días igual estábamos con más exigencias porque sabíamos que podíamos integrar algún grupo que fuera al rescate de estas personas.

El día de rescate ¿con quién te reuniste? ¿Pudiste hablar con el presidente? ¿Cuál era la sensación que tenías?

A mí me avisaron esa mañana que era la persona que iba a liderar el equipo. Fue una gran sorpresa y a la vez un gran orgullo porque éramos 16 los potenciales que podíamos liderar el equipo.

Fuimos a una entrevista con el presidente un par de horas antes del rescate, tuvimos conversaciones con él más que nada para darnos aliento y desearnos suerte.

¿Pudiste llamar a tu familia?, ¿te encomendaste a Dios?

Mi familia se enteró por la televisión, nosotros no podíamos avisarle a nadie (…) porque iban a estar sumamente preocupados y me iban a preocupar a mí.

¿Cómo te preparaste?

Tuvimos una preparación de 15 días para el rescate con una serie de actividades, ver cómo funcionaba la cápsula, cuáles eran sus potencialidades, que era una cosa bastante sofisticada para el rescate. Entonces tuvimos mucha preparación y psicológicamente también tuvimos ayuda con profesionales.

¿En qué ibas pensando cuando la cápsula iba bajando?

No estuve pensando en muchas cosas porque, como era el primero, yo llevaba la misión de observar cómo se comportaba la cápsula. Por lo tanto, a medida que iba bajando yo me iba dando vuelta mirando el cerro, mirando si había grietas, si podíamos tener algún problema.

Abajo fue espontáneo cuando yo los vi. Hubo palabras en jerga minera para darles un aliento y, lo otro, dejarles claro que nosotros, el grupo que iba a bajar, iba a estar a cargo del rescate.

¿Quién fue el primero que se te acercó?

El primero fue Jimmy Barrios, que era como el médico que tenían abajo, el que tenía ciertos conocimientos de enfermería. Me acuerdo que me dio un abrazo muy fraterno. Miré y la mayoría estaba llorando, estaban felices. Yo creo que se dieron cuenta de que si yo bajaba ellos iban a poder subir, estaban eufóricos.

¿En qué orden iban a subir en la cápsula?

El listado final del rescate se hizo con todos los profesionales, tanto sicólogos, médicos y parte del equipo que intervino. Ellos estaban divididos en tres grupos. Los primeros que iban a subir eran quienes estuvieran más preparados en caso de que pasara algo, alguna emergencia. Y ellos también tuvieron mucho trabajo sicológico, de hecho, estaban muy ordenaditos. Cuando llegué no estaban todos, había un grupito pequeño como de 15 y los otros estaban descansando abajo esperando que les tocara su turno. En ese sentido nosotros, los que liderábamos abajo, no tuvimos problemas porque se adaptaron a lo que estaba establecido.

¿Y hacían una especie de rito para despedirse?

Sí, todos tenían su ceremonia, algunos cantaban, algunos gritaban, otros rezaban; muchos se fueron llorando también porque fue muy emocionante. Había una ceremonia de cinco minutos antes de que se fueran, sus compañeros los despedían. Eso fue muy emocionante. Yo no tuve la suerte de grabarlos porque nos quitaron los celulares cuando bajamos, pero lo tengo grabado como si fuera hoy día.

Y de esos 33 ¿quién era el líder, el que le daba aliento a los otros?

Hubo como tres personas que fueron importantes. Una fue, aunque no lo crean, Mario Sepúlveda, el más loquito, el más extrovertido, que los mantuvo siempre unidos.

Había un caballero que era muy religioso, que los unió en los momentos difíciles.

Y uno que también cumplió un papel grande e importante que yo lo resalto, es el que jugaba fútbol, Franklin Lobos, porque él fue capitán de un equipo, entonces los ordenó. 

Fuiste el primero en bajar pero también el último en subir después de 27 horas de rescate.

Nosotros cuando los sacamos nos quedamos seis abajo. Ahí hubo una pequeña ceremonia, se demoraron un rato en sacarnos y estábamos medio asustados, pensábamos que se habían olvidado de nosotros (ríe).

Después fuimos saliendo uno a uno nosotros, era más un trámite. Y cuando me quedo solo me vienen recuerdos de la familia, de lo que tienen que haber pasado; tienen que haber sufrido también pensando que a uno le puede pasar cualquier cosa.

Pensaba que como el norte es tan sísimico, y Chile es muy sísmico, me hubiese pasado algo. Recuerdo lo orgulloso que me sentí por el equipo.

Y una vez que saliste ¿Cuál era la sensación?

Mucha alegría. Como salí al último me estaban esperando todos. Yo creo que en solidaridad son pocos los países que nos ganan. Eso se resalta, estábamos muy contentos por lo que habíamos hecho. 

10 años después, ¿Cuál es la enseñanza que deja esta experiencia?

Creo que después de lo de la mina San José hay un antes y un después, tanto en la legislación minera como en los controles. Hay que reconocer que hemos avanzado. Falta mucho todavía, porque estoy seguro que minas San José en el norte hay muchas más y hay mucha gente que trabaja sabiendo que arriesga su vida.  Ese yo creo que es el mensaje.

Nos falta todavía, siendo un país minero, nos falta mucho todavía en minería. Yo tengo la suerte de trabajar en una empresa, la más grande de Chile en la parte minera, que a nosotros nos cuida, nosotros tenemos estándares; nuestra empresa trabaja con los mejores estándares de seguridad, tenemos las mejores comodidades, se preocupa de nosotros, pero hay empresas que no son así y todavía nos falta mucho en ese sentido.


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