Las intensas precipitaciones registradas la semana pasada en la zona centro-sur del país y el repentino aluvión en San Carlos de Apoquindo en la región Metropolitana, encendieron las alarmas preventivas en O’Higgins.
A las 19 horas del jueves 8 de octubre, el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) emitió una minuta técnica por riesgo de remociones en masa en la zona, por lo que las autoridades mantienen un monitoreo permanente ante el peligro latente de aluviones, flujos de detritos y caída de rocas en laderas y quebradas.
El alertamiento técnico del peligro de remociones en masa y aluviones se rige bajo el Decreto 86 del Ministerio del Interior, que faculta al Sernageomin para evaluar los avisos de la Dirección Meteorológica de Chile y los antecedentes históricos de cada macrozona.
Históricamente, este tipo de eventos en los valles y precordillera regional se activan superando los 30 a 40 mm de lluvia en 24 horas, mientras que en la cordillera requieren sobre 50 a 80 mm.
Al respecto, Marcelo Montecinos, director regional de SENAPRED O’Higgins, explicó el encadenamiento institucional de los organismos frente a este tipo de riesgos: “El Sernageomin es un organismo técnico de monitoreo que emite un alertamiento con probabilidad baja, moderada o alta de remociones en masa. En base a eso, nosotros (Senapred) emitimos una alerta para el sistema y principalmente para la población”.
Respecto al escenario regional actual, Montecinos aclaró que la probabilidad bajó a moderada en valles y cordillera, enfatizando que “en este minuto las precipitaciones ya cesaron, pero el monitoreo se mantiene porque todavía estamos con la posibilidad de desprendimiento de rocas; tenemos el suelo suelto”. Asimismo, destacó una diferencia crucial frente a la emergencia en la capital: “La isoterma cero ha estado normal en nuestra región, en ningún caso ha sido isoterma cero alta”.
Desde la mirada académica, Germán Gómez, director del área de Ingeniería de Santo Tomás Rancagua, detalló el origen físico del fenómeno: «La remoción en masa es básicamente por una sobresaturación del terreno. El terreno tiene una capacidad de infiltrar agua y, cuando cae mucha en poco tiempo, el terreno se satura y no es capaz de absorber esa cantidad”, lo que “deja expuesto el terreno a la erosión y produce un reblandecimiento de ladera”.
Esta combinación de factores —agravada por incendios forestales veraniegos que destruyen la cubierta vegetal— incrementa la vulnerabilidad en comunas golpeadas históricamente por emergencias, como el deslizamiento que afectó a 200 viviendas en Doñihue en 2024 o el aluvión en Cantarrana y Caracoles (Malloa) de 2021. Además, la anomalía de El Niño mantendrá la probabilidad de frentes cálidos y probabilidades de tormentas en primavera y verano.
Frente a esto, Gómez instó a la comunidad a identificar señales críticas. Si bien destaca que la rapidez en que se producen dificulta su detección, tal como se pudo apreciar en las imágenes de lo ocurrido en Santiago, hay indicios clave: “Lo primero que se tiene que fijar es si hay grietas en el terreno, grietas o fracturas en muros y pavimentos, el aumento repentino de caudales con mucho barro, y escuchar el ruido del choque de rocas”, aclaró.
Por su parte, desde SENAPRED reiteraron el llamado a mantenerse alejados de cauces y reportar inmediatamente cualquier anomalía a los equipos de emergencia, toda vez que las lluvias seguirán presentes durante esta semana en la región.






