Durante más de cuarenta y ocho horas ininterrumpidas, el cielo sobre las Termas del Flaco se desplomó en forma de copos espesos y constantes, congelando las agujas del reloj y borrando cualquier rastro de la Ruta I-45. Para cuando la tormenta finalmente dio tregua este domingo, la villa turística, ubicada a 1.779 metros sobre el nivel del mar, amaneció enterrada bajo un manto blanco que superaba holgadamente los 80 centímetros de nieve acumulada, un hito invernal que no se registraba en la zona desde hacía décadas.

El paisaje habitual de este enclave precordillerano mutó por completo. A 79 kilómetros de San Fernando, los complejos termales, los cercos de piedra y las pintorescas construcciones de montaña quedaron transformados en siluetas suaves e irreconocibles. Salir a la calle requería abrirse paso a fuerza de pala y coraje: la nieve acumulada alcanzaba la cintura de los pobladores, cubría los picaportes de las puertas de entrada y dejaba a los vehículos reducidos a simples montículos blancos atrapados en medio del silencio blanco.

A pesar del aislamiento temporal en esta zona alta de la Región de O’Higgins, la contingencia sacó a relucir la templanza y solidaridad características de la gente de montaña. En el corazón del poblado los residentes y trabajadores se organizaron a pie. Con botas altas y abrigo pesado, se verificó casa por casa que nadie careciera de gas, leña seca ni víveres suficientes para hacer frente a las bajas temperaturas.

A medida que el sol de la mañana de este domingo comenzaba a asomar entre las cumbres, la luz rebotaba sobre la inmensidad blanca ofreciendo un espectáculo visual majestuoso alrededor de las fuentes termales. La histórica nevada de 80 centímetros quedará grabada en la memoria del poblado como un recordatorio del rigor y la belleza indomable que definen a las Termas del Flaco en pleno corazón de los Andes.







