Durante esta semana se conoció el lamentable fallecimiento de Silvia Irene González, más conocida por los rancagüinos como la “Tía Julia”, fundadora del tradicional local de sándwiches que hasta la actualidad lleva su nombre y que por décadas se convirtió en un punto de encuentro para miles de personas en la capital regional.
González fue la creadora de los reconocidos sándwiches que acompañaron a generaciones de rancagüinos, iniciando su historia con un pequeño local ubicado en calle Rubio, el que con el paso de los años dio origen a nuevas sucursales y consolidó una de las sandwicherías más emblemáticas de la ciudad.
Tras su fallecimiento, su familia difundió un video de despedida en el que la propia Silvia González relató parte de sus primeros pasos en la cocina. En el registro recordó que comenzó a cocinar cuando tenía apenas 11 años, aprendiendo de manera autodidacta. Además, aprovechó la instancia para dejar un mensaje a quienes continúan con el legado del tradicional local, señalando que deben estar “siempre presente”.
Más que un churrasco: Una historia rancagüina
Oriunda de Chillán, Silvia Irene González llegó a Rancagua en busca de nuevas oportunidades laborales. Fue en la capital regional donde conoció a quien se convertiría en su pareja, Armando Aguilera, con quien posteriormente daría vida al negocio familiar que con el tiempo se transformaría en un verdadero ícono gastronómico de la ciudad.
En sus primeros años, el emprendimiento ofrecía principalmente sándwiches de ave mayo y distintos tipos de comida. Sin embargo, con el paso del tiempo el negocio fue evolucionando hasta convertirse en la reconocida sandwichería «Tía Julia».
Aunque la familia comenzó a atender desde la década de los años 60, sus cercanos comentan que el local inicialmente no llevaba el nombre por el que hoy es reconocido, sino que recibía el nombre de la hija de Armando Aguilera.
Quienes compartieron con ella coinciden en destacar su incansable capacidad de trabajo. Así lo expresó Silvia, una de sus nietas, quien la describió como una mujer «muy luchadora y buena para trabajar».
Silvia Irene González permaneció trabajando hasta el año 2013 en el tradicional local de calle Rubio, donde continuó preparando los famosos churrascos que hicieron conocido al establecimiento. Posteriormente decidió trasladarse por un tiempo a la playa para descansar, aunque más adelante regresó nuevamente a Rancagua.
Para su familia, el legado de la «Tía Julia» va mucho más allá de las sucursales que actualmente funcionan en Miguel Ramírez, calle Rubio y el sector del ROM Rancagua. Aseguran que su mayor herencia está en el cariño que supo ganarse entre la comunidad durante décadas.
«Siempre fue muy trabajadora, muy buena para ayudar», señaló Silvia en conversación con El Tipógrafo, «siempre ayudó a la gente, en el barrio la querían bastante porque ella siempre tenía un pancito, tenía algo para ofrecerle a quien tuviera hambre», afirmó, destacando que esa vocación de servicio es uno de los aspectos que más recuerdan quienes la conocieron.






