Desde tiempos inmemoriales, los humanos nos desplazamos por la superficie del planeta. Somos errantes. El homo sapiens, nacido en África, tardó 140.000 años en caminar hasta Europa y poblarla.
Las tribus bárbaras germanas acosaron las fronteras del Imperio Romano, hasta invadirlo y destruirlo. Hay países poblados mayoritariamente por inmigrantes, como acontece con Estados Unidos, con Argentina.
Las grandes inmigraciones, que cubrían la escasez de mano de obra y la disminución de la natalidad, tenían una característica esencial: el recién llegado se sometía a las leyes y costumbres del país al cual arribaba. Los alemanes que poblaron el sur de Chile, se achilenaron.
En estos días, tal panorama ha cambiado. Europa, tal como aconteció con Roma, soporta una tremenda migración forzada, de gentes que llegan conducidas clandestinamente por mafias que cobran por transportarlos, lo que es un pingue negocio. Europa necesita mano de obra porque su natalidad es muy baja.
El infortunio es que los tales migrantes son islamitas, en su mayoría, y al instalarse en su nuevo país, conservan sus costumbres, enteramente distintas, generando una islamización de sus países de acogida. Esto genera odiosidades y rechazo, dando origen a una verdadera lucha interna, que fracciona las naciones. El odio racial se enseñorea.
El reciente escenario de Ceuta, ciudad española en África, invadida por sesenta mil marroquíes, mostró otra faceta: que la migración masiva puede transformarse en un arma política. Marruecos desconoce la soberanía española sobre Ceuta y mostró que tiene un arma poderosa para salir con la suya.
La costumbre de trasladarse del país de origen a otro, que aparece como un mejor destino, conlleva que entre los miles de migrantes ingresen delincuentes y traficantes, ensuciando el país de acogida. Chile es un buen ejemplo.
En resumen, una inmigración descontrolada, puede transformarse en un peligro y debemos estar muy conscientes de ello, no para impedir la inmigración, lo que no es posible, sino para regularla.
Esperamos del gobierno de turno las medidas adecuadas y suficientes.






