El viento y los 6 grados que promediaban en Rancagua no “le hicieron la collera” al calor del ex Colegio Marcela Paz, donde las guitarras, arpas y voces resonaron con fuerza para celebrar el Día Nacional del Cuequero y la Cuequera. Desde la tradicional cueca huasa hasta la picardía de la variante urbana o «brava», vecinos y visitantes acompañaban con las palmas los compases de una jornada que transformó el invierno rancagüino en una verdadera fiesta criolla.
La fecha —4 de julio— reconoce a los hombres y mujeres que cultivan la danza, música y poesía de nuestro baile nacional, y homenajea a Hernán «Nano» Núñez Oyarce, compositor y miembro del grupo Los Chileneros, y figura fundamental de la cueca urbana en Chile.
El encuentro, organizado por la Municipalidad de Rancagua y su Corporación de la Cultura y las Artes, encendió el ambiente con palmas, baile, empanadas y “navegadito”.
«Rica la comida y el ambiente, ideal para disfrutar y compartir», señaló Paula, de la agrupación local La Cueca Anda Suelta, tras bajarse del escenario.
La cita validó una vez más la apuesta comunal por este nuevo espacio social. Allí, Margarita —en compañía de Flavia y Patricio— resumió el sentir de los asistentes: «Vine a ver a mis amigos, a juntarme, a comer algo rico y a bailar cueca también».
Un espíritu que contagió incluso a los menos avezados en el baile nacional, quienes no perdieron la oportunidad para disfrutar de la fiesta y ponerle el hombro a las tradiciones de la región.






