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Columnas de Opinión

“Un futuro con menos voces”

JUEVES, 14 DE MAYO DE 2026


La celebración del Día de la Madre que acaba de pasar es propicia para reflexionar sobre el lugar de la maternidad en nuestra sociedad. No solo como una experiencia personal profundamente significativa, sino como un pilar esencial para la familia y el desarrollo social.

Esta reflexión se vuelve especialmente urgente. Chile enfrenta una caída sostenida en su natalidad. Según cifras recientes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 2024 se registraron alrededor de 154 mil nacimientos, con una tasa cercana a 7,7 por cada mil habitantes. Aún más preocupante es que la tasa de fecundidad bordea 1 hijo por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. En términos simples: como país, estamos en proceso de extinción.

Este fenómeno no es casual. Responde a cambios culturales, económicos y sociales que han hecho cada vez más difícil formar familia. El alto costo de la vida, la incertidumbre laboral, la falta de redes de apoyo y las dificultades para conciliar trabajo y crianza inciden directamente en la decisión de tener hijos. Pero también hay un factor menos visible: la progresiva pérdida de valoración social de la maternidad y la vida familiar como proyectos centrales.

Desde una mirada que pone en el centro la dignidad de la persona y la importancia de la familia como núcleo fundamental de la sociedad —lo establece nuestra Constitución Política— este escenario interpela. La maternidad debería entenderse como una contribución insustituible al bien común. No hay desarrollo sostenible sin nuevas generaciones y sin familias que transmitan valores, contención y sentido de pertenencia.

Es clave avanzar hacia más y mejores políticas públicas que faciliten y den el valor requerido a la formación de familias: mayor flexibilidad laboral, incentivos reales a la natalidad, fortalecimiento del rol de las organizaciones intermedias y una cultura que reconozca el valor de la maternidad sin modelos únicos. Promover la corresponsabilidad, especialmente el rol del padre, también es parte de una sociedad más justa.

Hablar de maternidad hoy no es mirar al pasado, sino proyectar el futuro. Una sociedad que cuida y promueve la llegada de nuevas generaciones contribuye a mejorar su tejido social y su desarrollo a largo plazo. En este Día de la Madre, el mejor reconocimiento no es solo simbólico, es avanzar hacia un Chile que confíe en sus familias, que las apoye, y que entienda que, en la maternidad, libremente asumida y acompañada, se juega, en buena medida, su futuro.


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