El fútbol chileno asiste a un fenómeno de exportación prematura que tiene como protagonista a Matías Paris Melgarejo (18), la joya de la cantera de O’Higgins que, sin haber debutado en la Primera División nacional, ya defiende la camiseta del Al Ain en Emiratos Árabes Unidos. El volante, formado en el Monasterio Celeste, selló un vínculo hasta 2030 con el gigante asiático tras cumplir la mayoría de edad el pasado 24 de abril.
El ascenso no fue gratuito: a los 14 años e impulsado por el amor al deporte, Matías debió abandonar su hogar para vivir en pensiones en Santa Cruz y Rancagua, buscando optimizar un descanso que los largos viajes le negaban. Katherine Melgarejo, madre del jugador, reveló el trasfondo de un ascenso forjado en la provincia de Cardenal Caro. «Nosotros llegamos a vivir a la comuna de Paredones cuando Matías tenía seis años». El sacrificio familiar fue la base de su carrera.
La historia comenzó muy pequeño. «Lo que existía acá en Paredones era la escuelita de fútbol, donde él ingresó con seis años», relata Katherine. Fue en ese entorno rural donde el coordinador local, Pedro Fernández, detectó que el niño tenía una habilidad distinta al resto y le insistió a la madre: «Cuando tenga la oportunidad de llevar a Matías a probarse algún lugar, llévelo», recuerda Katherine.
La vitrina definitiva fue la Selección Chilena Sub-17. Según su madre, los viajes internacionales en categorías juveniles «abrieron la posibilidad de pensar en estar en otro lugar». Sobre la frustración de la hinchada local por no verlo en El Teniente, Katy Melgarejo es enfática: «A él también le hubiese encantado debutar acá, pero por distintas razones las cosas no se dieron y apareció esta propuesta que él quiso asumir».
Hoy, el «amante de la cueca» y ganador de concursos regionales en Paredones como lo retrata la orgullosa madre, enfrenta un vestuario multicultural en el Al Ain. Con una diferencia de ocho horas y un clima extremo, Katherine comenta que los contactos son diarios, manteniendo el vínculo a través de videollamadas y mensajes de WhatsApp que acortan los más de 14.000 kilómetros de distancia.
A pesar de los sabores nuevos y el rigor de un club multicultural que reúne a jugadores de distintos continentes, Matías conserva la disciplina de un deportista de alto rendimiento. Mientras el joven volante se adapta al calor extremo del desierto, su familia en Paredones ya cuenta los días para junio, fecha en la que el «hijo del Capo» regresará de vacaciones tras haber consolidado el salto más importante de su vida.






