Una extraña contradicción marca el inicio de 2026 para la Región de O’Higgins. Mientras las grandes inversiones aseguran una base de estabilidad, quienes buscan trabajo se enfrentan a una realidad compleja, con una oferta laboral que se concentra en cargos básicos y sueldos que no logran retener el talento local.
Según los últimos reportes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Observatorio Laboral de la Universidad de O’Higgins (OLOH), la región no está en crisis, pero sí estancada en una matriz productiva que exige mucho y ofrece poco desarrollo.
A pesar de que la industria manufacturera regional comenzó el año con una caída del 9,1% , sectores como el turismo, el transporte y la enseñanza han sacado la cara con leves alzas en la contratación. Sin embargo, el gran sostén del empleo sigue siendo el comercio (20%), el agro (17%) y la industria (10%).
Mauricio Muñoz, coordinador del Observatorio Laboral de la Universidad de O’Higgins, analiza el estado actual del empleo desestimando un escenario de crisis inminente. “En vez de ‘estancamiento’ hablaría de ‘estabilidad’, ya que la región en términos de empleo ha ido en aumento después de la crisis de la pandemia, aunque aún no llega a las cifras, ni en ocupación ni en participación, que tuvo previo a dicha época”, afirma el académico.
Uno de los puntos más críticos identificados por el Observatorio es la calidad de las vacantes ofrecidas en la región, con portales de empleo revelando una alta demanda de vendedores, reponedores y guardias de seguridad, reflejando requerimientos técnicos más bien limitados.
Al respecto, Muñoz advierte que “la matriz productiva regional es bastante básica en las ocupaciones que requiere. Las ocupaciones son, en general, elementales y mal remuneradas”, lo que genera un fenómeno de migración del capital humano joven hacia la Región Metropolitana en busca de mejores condiciones de desarrollo.
Sobre la irrupción de las nuevas tecnologías, el experto matiza el impacto real de la Inteligencia Artificial en el corto plazo. Si bien sectores como la minería ya operan bajo el concepto de “Smart Mining” (minería inteligente), Muñoz señala que en otras áreas el cambio es más gradual. “En la agricultura, la incorporación de nuevas tecnologías ha impactado en las ocupaciones. En los últimos años podemos confirmar la disminución de ocupaciones elementales en el sector y el aumento, aunque mesurado, de ocupaciones técnicas”, explica el coordinador del OLOH.
La informalidad laboral es otra de las preocupaciones centrales, situándose actualmente en torno al 30% en la región. Muñoz enfatiza que este fenómeno se da en respuesta directa a la fisonomía del mercado local, pero lanza una advertencia sobre el nuevo escenario político: “Si la nueva administración tiene una postura liberal extrema, lo más probable es que la informalidad tienda a subir, a menos que generen los incentivos necesarios para que esto no ocurra”. En ese sentido, el académico es claro en repartir deberes: “La mayor responsabilidad aquí la tienen los empresarios, quienes son un actor fundamental para el desarrollo”.
Finalmente, las proyecciones para el resto de 2026 se mantienen cautas pero estables, sustentadas en una cartera de 42 proyectos de inversión para O’Higgins que suman más de 1.200 millones de dólares. Sobre los riesgos asociados a la administración política y fiscal, Muñoz aclara que la información disponible no sustenta temores de un deterioro profundo. “Los proyectos de inversión registrados proyectan un escenario más bien estable, aunque de cualquier manera en el contexto de una matriz productiva estacional”, concluye el especialista.
De esta manera, el dinamismo del empleo en la región dependerá, en última instancia, de la capacidad para transitar hacia empleos de mayor valor agregado, como manera de retener a los jóvenes que miran hacia Santiago como fuente real de oportunidades.






