La labor de limpieza de las rejas o “parrillas” que contienen la basura y desechos que arrastran los canales de regadío que cruzan Rancagua es silenciosa, constante y, muchas veces, invisible. Pero para Roberto Henríquez, inspector de canales de la Dirección de Gestión Ambiental de la municipalidad, es un trabajo que sostiene el funcionamiento diario de la capital regional.
Mientras con su equipo desarrollan sus trabajos en el tramo del canal que cruza por el sector de Millán, entre San martín y José Victorino Lastarria, explica que “hacemos la limpieza del recorrido completo por todas las rejillas de Rancagua, entre el sector poniente y oriente”. Son más de 15 canales que atraviesan el damero central, donde retiran desde plásticos y ramas hasta colchones, electrodomésticos y animales muertos. Incluso ha habido hallazgos macabros: «La semana pasada encontraron un cadáver ahí en la rejilla del parque Koke.»
Henríquez recuerda que “si estas rejas no se limpiaran, el agua correría hasta Baquedano y Salvador Allende, generando inundaciones en calles y domicilios”. Por eso trabajan dos cuadrillas, una al oriente y otra al poniente, en turnos diarios. “Este trabajo es diario, invierno y verano, porque si se tapan los tubos que van bajo tierra, la ciudad podría colapsar”, advierte.
Aunque los canales pertenecen a las asociaciones privadas de canalistas, la mantención de las rejillas dentro de la ciudad es responsabilidad municipal. Henríquez hace un llamado simple pero urgente: no botar basura, porque cada residuo termina afectando a toda Rancagua.






