En un escenario educativo que cambia con rapidez, aprender ya no significa solo memorizar un contenido para rendir una prueba. Hoy, las salas de clases avanzan hacia metodologías más participativas, donde el trabajo es colaborativo y el pensamiento crítico gana espacio. En ese contexto, la formación de hábitos y la autonomía aparecen como herramientas clave para el desarrollo escolar a temprana edad.
Así lo planteó Marianela Flores González, jefa de carrera de Pedagogía en Educación General Básica con mención en Inglés de la Universidad de Talca, quien ha observado cómo las dinámicas de aprendizaje han ido dejando atrás los modelos más tradicionales.
“Si bien hay espacios donde todavía hay un profesor dictando, hay otros que han avanzado a formas de enseñar que tienen que ver más con el trabajo colaborativo. Ahí la distribución de aula apunta al diálogo y no a mirar a otro, escuchar y luego repetir, sino que más bien a crear”, explicó la académica.
En ese sentido, recomendó la especialista, más que centrar el acompañamiento en preguntas generales como ¿qué aprendiste hoy?, madres, padres y cuidadores deben involucrarse desde lo concreto, ayudando -por ejemplo- a revisar horarios, cuadernos y contenidos, abriendo conversaciones más específicas.
Esa presencia de los padres y cuidadores, sostuvo la académica, también exige nuevas formas de apoyo en el hogar, lo que contribuirá a que el estudiante no dependa solo de la memoria y le permitirá ordenar mejor lo que vivió en clases.
Sin embargo, precisó la profesora, acompañar no significa hacer las cosas por ellos y, en ese sentido, la autonomía debe cultivarse desde los primeros años, con pequeñas responsabilidades cotidianas como preparar materiales, reconocer horarios, ordenar sus útiles o asumir tareas simples en la casa son acciones que fortalecen esa autogestión.
Hábitos que acompañan el aprendizaje
La docente destacó que, el «desarrollo de hábitos es fundamental, ya que arma estructuras mentales que permiten saber cómo poder organizar y cómo hacer más eficiente el tiempo”, contribuyendo a desarrollar mayor seguridad frente a los desafíos.
La especialista también entregó recomendaciones prácticas para desarrollar le hábito de estudio en la casa. Indicó que el espacio ideal debe ser tranquilo, alejado de ruidos y distracciones, con todos los materiales a mano para evitar interrupciones innecesarias. A lo anterior hay que sumar la importancia de respetar pausas durante la jornada de estudio. En esa línea mencionó la utilidad de técnicas, como el sistema Pomodoro, que alternan momentos de concentración con descansos acotados, favoreciendo la atención sin agotar al estudiante.
Por último, la académica agregó que instalar estos hábitos desde temprano no solo mejora el rendimiento escolar, sino que también permite a niños y niñas ganar independencia y usar mejor su tiempo porque, en un sistema educativo que, apuesta cada vez más por la participación y la reflexión, aprender a organizarse puede ser una de las lecciones más importantes.






