La gran mayoría de los chilenos nos enteramos de los devastadores efectos de los incendios en la zona central sur de nuestro país, a través de los medios de comunicación social, especialmente televisivos.
Éstos, dejando de lado su programación, muchas veces de corte farandulero, nos entregaron información de primera mano, que gradualmente nos fue golpeando con más fuerza, al conocer los detalles y alcances de la desgracia ocurrida, de la que surgen situaciones que son necesarias considerar.
La reacción inmediata cuando es evidente el peligro por la cercanía del incendio, es en la mayoría de los casos una lucha desigual, con inminente peligro de perder la vida, hasta asumir que ya nada se puede hacer para detener la acción del fuego.
Pero, asombrosamente vemos como muchísimos de los afectados, con todo destruido, evidencian un cariño al terruño y a su hogar, que los impulsa a mantenerse en el lugar, sin querer abandonarlo.
Con todo en contra, con los efectos de lo vivido gravado en sus mentes, vemos asombrados como brota de ellos la fortaleza de enfrentarse a la realidad, sin dejar que la adversidad los venza, dando paso al nacimiento de la esperanza.
Nosotros, los simples espectadores, desde la comodidad de nuestros hogares, reaccionamos en algunos casos solidariamente, como lo hacen la mayoría de los chilenos, o simplemente, nos convertimos en comentaristas de lo vivido por otros, sin que nuestro corazón se sobresalte y por supuesto, sin medir efectivamente el dolor de nuestros semejantes.
Los culpables enfrentarán la justicia si son identificados, algo que es fundamental, claro que cualquiera sea la condena que se les asigne, no podrá mitigar el dolor de tantas familias, que no solo lo perdieron todo, sino que además las vidas de seres queridos, irremediablemente irremplazables.
Es no solo necesaria, sino además evidente, la necesidad de continuar monitoreando las soluciones que se implementen para superar los problemas, ya que en la mayoría de los casos los vecinos afectados no disponen de recursos económicos para levantar una nueva casa, que será solo una aproximación del hogar que se perdió, donde solo quedan recuerdos, los que nada físico pueden imitar.
Solo me queda agregar con total respeto a la Real Academia Española, que la definición de resiliencia que establece en su diccionario como la: “Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador”, queda totalmente corta, cuando observamos a nuestros compatriotas poner cara al futuro, con una fortaleza inigualable.






