Maximiliano Vidal Catalán, de 18 años, alcanzó 1.000 puntos en Matemática 1 de la última Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES), un logro que coronó un proceso de estudio sostenido durante todo el año y que se desarrolló en paralelo a una rutina exigente de traslados diarios y adaptaciones educativas.
Egresado del Colegio Marista Rancagua, Maximiliano rindió la prueba con una sensación de seguridad. Tras conocerse los resultados, fue invitado a un desayuno oficial con el Presidente Gabriel Boric junto a otros estudiantes destacados del país. Fue en ese contexto donde tomó real dimensión de su resultado. “Ahí me dijeron que yo tenía, en cuanto a estudiantes con alguna situación de discapacidad, el puntaje máximo en la prueba de M1, empatado con otros jóvenes”, relató. Todos ellos provenían de distintas regiones, por lo que el reconocimiento se situó a nivel nacional, aunque el propio estudiante enfatiza que lo vivió como una experiencia más dentro de todo el proceso.
Preparación sostenida durante el año
La preparación para la PAES no respondió a fórmulas de último minuto. “A principios de año, como el colegio seguía con las asignaturas normales, lo que hacía también era avanzar en el material”, explicó. A ese trabajo escolar se sumó un refuerzo externo. “Tomé un preuniversitario donde me daban guías como un día por medio, sobre todo de Matemática y Ciencias”, señaló.
Su metodología se centró en la práctica constante. “Era hacer ejercicios, equivocarse y revisar”, comentó, describiendo una rutina que mantuvo de manera regular durante el año.
A ello se sumó un factor que marcó su vida escolar. “Yo soy de Coltauco y viajaba todos los días a Rancagua”, indicó. El traslado diario fue parte habitual de su jornada y nunca lo consideró una excusa para bajar el ritmo de estudio.
Hipoacusia y adaptación en el aula
Uno de los aspectos centrales de su trayectoria es la hipoacusia bilateral del 70% que presenta (pérdida de capacidad auditiva que afecta a ambos oídos), condición que fue diagnosticada durante su etapa escolar. “Al principio no pensaba que tuviera un problema de audición”, recordó. Las primeras señales surgieron cuando notaron que comprendía mejor al mirar directamente a quien hablaba, lo que derivó en evaluaciones médicas como audiometrías.
Antes de contar con audífonos —los que utiliza hace unos años—, Maximiliano había desarrollado estrategias propias. “Me adapté y aprendí a leer los labios”, explicó. Una de las principales medidas que tomaba en su educación media era la ubicación en la sala. “Siempre me siento adelante en las clases, por un tema de escucha”, señaló, agregando que esto también le ayuda a manejar el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), diagnóstico previo que inicialmente orientó los apoyos que recibió en el colegio.
Una vez confirmado el problema auditivo, el establecimiento implementó medidas formales. “Cuando los profesores asignaban puestos, ellos me ubicaban adelante, de los primeros”, comentó, entre otras disposiciones.
Una experiencia compartida a nivel nacional
El alto puntaje derivó en la invitación al desayuno oficial, instancia que reunió a jóvenes de distintas regiones con resultados destacados. “Nunca me lo esperé. Tiraba el chiste de que quizás podía ir a tomar desayuno con el presidente, pero como broma”, contó. En ese espacio compartió con otros estudiantes que, al igual que él, habían alcanzado el puntaje máximo en Matemática 1 y que presentaban alguna situación de discapacidad, todos empatados en el resultado.
“Conversábamos entre todos, levantábamos la mano, hacíamos preguntas y hablábamos un rato”, recordó sobre la actividad, que valoró principalmente como una experiencia distinta dentro de un proceso largo y exigente.
Proyecciones y agradecimientos
Tras conocer su puntaje, Maximiliano inició el proceso de postulación con Medicina como principal objetivo. Su primera opción fue la Universidad de Los Andes, aunque evalúa el movimiento de puntajes, y en paralelo considera la Universidad de Chile mediante el Sistema de Ingreso para Estudiantes en Situación de Discapacidad (SIESD), cuyo proceso mantiene plazos vigentes.
En este periodo, destacó especialmente el apoyo familiar. “Agradezco a mis papás, porque fueron los que más me apoyaron en todo, junto a la decisión de lo que quiero estudiar”, señaló, agregando que recorrieron distintas universidades para conocerlas.
Pensando en quienes rendirán la PAES en futuras versiones, su mensaje apunta al proceso previo más que al resultado. “Que se equivoquen todo lo que puedan durante el estudio, porque equivocándose es donde uno aprende”, sostuvo. “Así llegan con más seguridad y más tranquilos al momento de rendir la prueba”.






