Por Javiera Valenzuela Salgado
La Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora cada 13 de enero el Día Mundial de la Depresión, fecha que busca no solo visibilizar y sensibilizar sobre este trastorno que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, sino también cuestionar los estigmas que la rodean y que continúan siendo una de las principales barreras para el diagnóstico y tratamiento oportuno
En Chile la situación no es menor, según la última encuesta nacional de salud del MINSAL, un 6,2% de las personas sufre de esta patología, pero solo un 1,6% se encuentra en tratamiento, mientras que un 15,8% se encontraría en una condición de sospecha. Estas cifras reflejan una brecha preocupante entre quienes necesitan ayuda y quienes la reciben.
Uno de los factores que más incide en esta brecha es el estigma social, ya que suele asociarse con falta de voluntad o flojera. Aunque puede sentirse desgano, cansancio o desinterés en actividades que antes motivaban, la depresión no es flojera. Tampoco es una debilidad de carácter su evolución puede ser progresiva.
La OMS estima que la depresión afecta a un 3,8 % de las personas en el planeta. Entre 4 y 5 hombres mueren por suicidio cada día. El suicidio es la causa más frecuente de muerte entre aquellos de 20 a 24 años, por lo que debe intervenirse precozmente.
Algunos de los síntomas que hay que tener en consideración para lograr una detección temprana son la pérdida de interés por actividades que antes disfrutábamos, desgano, decaimiento, cuesta levantarse en las mañanas, baja o aumento del apetito, irritabilidad o sensibilidad aumentada, pensamientos negativos acerca de sí mismo, del mundo o del futuro, que pueden llegar a desear morir o incluso suicidarse. También el dejar de asistir a reuniones sociales por falta de energía o sensación de tristeza, cambios en cuanto a higiene personal, entre otras.






