Con las olas de calor, los padres deben tomar precauciones adicionales para proteger a los recién nacidos y bebés, quienes son especialmente vulnerables debido a la inmadurez de su sistema termorregulador y la delicadeza de su piel.
Según Luz María Román Díaz, académica de la Escuela de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), la piel de los bebés es más permeable e hidratada que la de los adultos, lo que los hace propensos a irritaciones, golpes de calor y deshidratación. En este sentido, advierte que la temperatura máxima que podría soportar un recién nacido es de 32°C, por lo que se debe evitar exponerlo a ambientes más calurosos.
Entre los principales síntomas de un golpe de calor en lactantes se encuentran irritaciones cutáneas, sarpullidos, llanto irritable, inapetencia y sequedad de mucosas. En niños mayores, también pueden presentarse náuseas, vómitos, dolores de cabeza, agotamiento e incluso desmayos en los casos más graves.
Para prevenir estos efectos, la especialista recomienda aumentar la frecuencia de la lactancia en recién nacidos, mientras que los bebés mayores pueden recibir agua fresca y jugos naturales en pequeñas cantidades, evitando en todo momento bebidas gaseosas con alto contenido de azúcar o cafeína. Además, sugiere mantener las habitaciones con temperaturas entre 20 y 24°C y evitar salir a la calle en los horarios de mayor calor, entre las 11:00 y las 15:00 horas.
Otro aspecto relevante es la protección de la piel. Román Díaz advierte que en menores de seis meses no se aconseja el uso de bloqueadores solares debido a la inmadurez cutánea y la falta de mecanismos de autoprotección como la sudoración o la producción de melanina. En su lugar, recomienda optar por sombra, ropa liviana y la utilización de capotas en coches y cortinas en los autos para minimizar la exposición al sol.






