Después de 34 años entregando capacitación y acompañamiento a mujeres del campo, el Programa Mujeres Rurales comenzó su cuenta regresiva. El Gobierno confirmó el cierre gradual de la iniciativa impulsada desde 1992 por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer (PRODEMU), a través de un oficio enviado el 1 de junio por la Dirección Nacional de INDAP a PRODEMU. El documento fue tajante, no habrá nuevos cupos durante 2026 y el financiamiento estatal irá cayendo de forma progresiva hasta apagar por completo el programa en 2029.
Desde el Ejecutivo defienden la decisión apelando a las restricciones presupuestarias y aseguran que las actuales beneficiarias no quedarán a la deriva, sino que serán incorporadas a una futura iniciativa reformulada, aún sin contornos definidos.
Lo que se apaga, sin embargo, no es un programa cualquiera. Durante más de tres décadas, Mujeres Rurales entregó capacitación, acompañamiento y herramientas productivas a campesinas y pequeñas agricultoras, combinando el impulso a sus emprendimientos con formación en liderazgo, desarrollo personal y autonomía económica. Una evaluación de RIMISP lo destacó como una de las pocas políticas públicas diseñadas específicamente para reducir las brechas que afectan a las mujeres rurales.
El anuncio no pasó inadvertido en el Congreso. La presidenta de la Comisión de Agricultura del Senado, Alejandra Sepúlveda (IND), se reunió junto al diputado Félix Bugueño y representantes de usuarias del programa con el subsecretario de Agricultura, Francesco Venezián, y su equipo, además de personal de INDAP. La senadora expresó su preocupación por la extinción del programa Indap-Prodemu, destacando que se trata de una iniciativa ejemplo en América Latina con dos componentes clave: el productivo y el desarrollo personal.
Detrás de las cifras hay historias concretas. La parlamentaria relató que las usuarias que asistieron al encuentro —representantes del grupo 2026 que finalmente no será beneficiado— ya habían reunido los antecedentes y conformado sus grupos cuando fueron informadas de que no podrían continuar. “Tuvieron que sacar muchos papeles, tuvieron que reunirse entre ellas. Los grupos ya estaban afiatados y, en la segunda reunión que sostuvieron como grupo constituido, les dicen que no continúan. Entonces, la desilusión que tienen ellas es enorme”, contó Sepúlveda.
La respuesta del subsecretario, según la senadora, no logró despejar la preocupación. Venezián planteó que las usuarias serían atendidas directamente por INDAP, pero para Sepúlveda esa alternativa se queda corta. “El INDAP va a atender solo desde el punto de vista productivo, porque además es su función, y todo el desarrollo personal y comunitario no lo va a tener”, advirtió.
A juicio de la parlamentaria, ese acompañamiento integral era justamente lo que permitía a las participantes fortalecer sus negocios, desarrollar liderazgos y ganar autonomía dentro de sus comunidades.
INDAP aclaró que la medida pone fin al convenio con PRODEMU, pero no al apoyo a las mujeres rurales. Las cifras entregadas por INDAP buscan poner el cierre del convenio en perspectiva. INDAP atiende actualmente a poco más de 160 mil usuarios a nivel nacional, de los cuales el 48,2% son mujeres, equivalentes a cerca de 77 mil mujeres rurales; el convenio con PRODEMU, en tanto, alcanzaba a aproximadamente 3.016 mujeres, una fracción del trabajo que la institución realiza con el mundo rural.
La subdirectora nacional (s) de INDAP, Antonella Pecchenino, buscó bajarle el tono a la alarma: «Es importante transmitir tranquilidad, porque INDAP no está cerrando el apoyo a las mujeres rurales. Lo que está terminando es el convenio de ejecución con esta fundación, que era una modalidad específica de trabajo». El plan, explicó, es reorientar a las usuarias hacia los instrumentos permanentes del servicio —asesoría técnica, inversión, riego, comercialización, asociatividad, financiamiento y fortalecimiento productivo— «para asegurar que los recursos públicos lleguen con la mayor pertinencia posible» a quienes forman parte de la Agricultura Familiar Campesina.
Entre la versión oficial que habla de reordenamiento y el testimonio de las usuarias que sienten que pierden algo que no tiene reemplazo, el futuro del Programa Mujeres Rurales sigue en disputa. Mientras el Gobierno prepara un nuevo esquema de apoyo, parlamentarios y usuarias continúan en busca de una alternativa que evite su desaparición definitiva.






