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Expertos de O'Higgins abordan los desafíos para medir el bienestar de gallinas ponedoras


Se busca identificar criterios que permitan evaluar de manera integral las condiciones en que se producen los huevos, considerando aspectos como el bienestar animal, la alimentación, la bioseguridad, la infraestructura y el manejo.

VIERNES, 31 DE JULIO DE 2026
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Publicado por

Javier Celis



Que una gallina tenga acceso al exterior no garantiza, por sí solo, que se encuentre en buenas condiciones. Para evaluar su bienestar también es necesario observar su salud, comportamiento, alimentación y capacidad para expresar conductas naturales sin experimentar miedo, dolor o estrés.

Cómo transformar estas variables en indicadores que puedan medirse de manera rápida y sencilla en los planteles fue uno de los temas abordados en el seminario “Huevos con bienestar: Pilares para una avicultura sostenible”, realizado en el Campus Colchagua de la Universidad de O’Higgins.

La actividad se desarrolló en el marco del proyecto FIC “Transferencia sistema de producción de huevos free range con calidad integral certificada”, ejecutado por la Universidad de O’Higgins y financiado por el Gobierno Regional de O’Higgins.

La iniciativa busca identificar criterios que permitan evaluar de manera integral las condiciones en que se producen los huevos, considerando aspectos como el bienestar animal, la alimentación, la bioseguridad, la infraestructura y el manejo.

“Hoy Chile no cuenta con un modelo que evalúe de manera integral cómo se producen los huevos. Por lo tanto, identificar qué indicadores de bienestar animal deberían ser los mínimos que se incluyan en un sistema que certifique la calidad integral de los huevos es una pieza clave”, señaló la doctora Paula Toro Mujica, académica de la Universidad de O’Higgins y directora del proyecto.

Las señales que deben observarse en terreno

El bienestar animal no puede determinarse únicamente a partir del sistema de alojamiento de las gallinas. La evaluación también debe considerar las condiciones concretas que experimentan las aves dentro de cada plantel.

Entre los indicadores que pueden observarse directamente en terreno se encuentran el estado del plumaje y las patas, la conducta de los animales y las características de sus zonas de descanso.

Cristian Ugaz, presidente de la Asociación Chilena de Bienestar Animal, explicó durante la jornada que un diagnóstico adecuado requiere analizar conjuntamente la salud, el comportamiento y el estado emocional de las gallinas, en lugar de atribuir su bienestar exclusivamente al tipo de sistema productivo.

A esta evaluación se suman las medidas de bioseguridad destinadas a disminuir el riesgo de ingreso y propagación de enfermedades. El control de las visitas, el uso de ropa y calzado exclusivos, la limpieza de las instalaciones, la vacunación y el manejo del ambiente son algunas de las prácticas que deben considerarse, ya que los agentes infecciosos pueden trasladarse mediante personas, herramientas o vehículos.

Las condiciones del gallinero también influyen directamente en el bienestar de las aves. La ventilación, la temperatura, la iluminación, el estado de la cama y la distribución de comederos, bebederos, perchas y ponederos pueden afectar tanto su salud como su rendimiento.

Filtraciones de agua, camas húmedas, ventilación insuficiente o una distribución inadecuada de los implementos pueden aumentar el estrés y la competencia entre los animales, además de generar pérdidas productivas.

Alimentación y bienestar deben evaluarse en conjunto

La alimentación es otro de los pilares que determina la condición de las gallinas. No basta con que tengan comida disponible, ya que la dieta debe aportar de manera equilibrada la energía, las proteínas, las grasas, las vitaminas y los minerales que necesitan.

Carlos Páez, gerente de Nutrición y Servicios Postventa de Encipharm, señaló que la composición de las materias primas puede variar dependiendo de su origen y calidad. Por esta razón, formular una dieta únicamente a partir de valores generales puede producir diferencias entre los nutrientes calculados y aquellos que las aves reciben efectivamente.

Estas variaciones, junto con la proporción de alimento concentrado y forraje, también pueden modificar la composición nutricional del huevo. Uno de los objetivos del proyecto es utilizar la tecnología NIRS para identificar científicamente esas diferencias y relacionarlas con las prácticas implementadas en los planteles.

Indicadores adaptados a distintas realidades productivas

La diversidad existente entre los pequeños y medianos productores representa uno de los principales desafíos del proyecto. Las dimensiones de las instalaciones, las prácticas sanitarias, los sistemas de alimentación y las formas de manejo varían entre los planteles y pueden influir en las condiciones de las aves y en los parámetros de calidad de los huevos.

Por esta razón, la iniciativa contempla la elaboración de normas en alimentación, sanidad, bienestar animal y sistema productivo, además de la capacitación de los productores y la identificación de las brechas que podrían dificultar el cumplimiento de los futuros requisitos.

La meta es que los productores puedan reconocer con mayor precisión las condiciones que afectan a sus aves, estandarizar sus prácticas y mejorar la eficiencia de sus explotaciones, incorporando el bienestar animal como una variable medible dentro del proceso productivo.


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