En el marco del Mes del Medio Ambiente, el Colectivo Parque Koke destaca el trabajo comunitario que ha permitido recuperar y proteger uno de los espacios verdes más emblemáticos de la capital regional, promoviendo la participación ciudadana y la conservación de la biodiversidad.
Durante junio, mes en que se conmemora mundialmente el cuidado del Medio Ambiente, diversas comunidades refuerzan el llamado a proteger los espacios naturales que contribuyen al bienestar de las personas y al desarrollo sostenible de las ciudades. En Rancagua, uno de esos lugares es el Parque Koke, reconocido como uno de los principales pulmones verdes de la comuna.
Hasta este emblemático espacio llegó El Tipógrafo para conocer el trabajo que realiza la comunidad en favor de la protección y mantención de este importante punto verde de la capital regional. Allí, vecinos y organizaciones han impulsado durante años diversas iniciativas orientadas a recuperar y fortalecer el vínculo entre las personas y la naturaleza.
Felipe Toledo, presidente del Colectivo Parque Koke, destacó la riqueza natural existente en la Región de O’Higgins y la necesidad de visibilizar su valor. “En los últimos años se han hecho esfuerzos importantes por reconocer a la Región de O’Higgins como una zona rica en biodiversidad, extensa en lugares que también están siendo amenazados. Hemos intentado evidenciar esa riqueza, ese potencial, no solamente desde el punto de vista ambiental, sino que también sociocomunitario”, señaló.
El Parque Koke cuenta actualmente con más de 120 años de historia y alberga una importante variedad de especies arbóreas. Entre ellas destacan ejemplares centenarios de Líbano que superan los 30 metros de altura, convirtiéndose en un verdadero patrimonio natural para la ciudad.
La labor del Colectivo Parque Koke comenzó hace cinco años, motivada por la preocupación de sus integrantes frente al deterioro que experimentaba el recinto. Según explicó Toledo, durante la década pasada el parque registraba una constante pérdida de árboles, situación que amenazaba seriamente su conservación.
“Nosotros teníamos un promedio anual de siete talas. Entenderán que un parque urbano de siete hectáreas, talándose siete árboles anuales, es un montón. El parque iba en claro declive”, recordó.
Para revertir esta situación, la organización impulsó una estrategia basada en la participación ciudadana y la generación de experiencias comunitarias al interior del parque. Las jornadas de arborización participativa y actividades familiares, han sido parte fundamental del proceso de recuperación del espacio.
El trabajo colaborativo entre la comunidad y las autoridades ha permitido fortalecer la protección del recinto, aunque desde el colectivo consideran que este modelo debería replicarse en otros sectores de Rancagua.
En ese sentido, Toledo enfatizó la necesidad de recuperar espacios degradados y avanzar hacia una ciudad más verde. “Rehabilitar zonas que hay en Rancagua, microbasurales y basurales. Yo creo que un poco ahí debería ir la visión respecto a cómo convertir una ciudad en una ciudad un poco más verde”, afirmó.
Respecto al rol de las autoridades, el dirigente sostuvo que las políticas ambientales requieren un mayor compromiso y una relación permanente con las comunidades. “Chile a veces es un país cortoplazista. Miramos el periodo político que tenemos de frente, pero las políticas ambientales son a mediano o largo plazo”, indicó.
Finalmente, el presidente del Colectivo Parque Koke valoró el impacto que ha tenido el parque para miles de vecinos y expresó su deseo de que la experiencia pueda replicarse en otros sectores de la ciudad. “El parque no tendría que ser un lujo, pero por hoy es un pequeño oasis dentro de la ciudad. Esperemos poder inspirar a otras comunidades a rehabilitar zonas baldías, microbasurales, que quizás podrían tener un destino mucho más luminoso y bello”, concluyó.






