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Chimbarongo: La gran guerra del protagonismo


La disputa por quién financia las pelotas de fútbol y quién se lleva los aplausos desata un insólito choque de egos, leyes de probidad y reclamos de discriminación en la capital del mimbre.

LUNES, 29 DE JUNIO DE 2026
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Publicado por

Abelardo Caroca



Todo comenzó el pasado 11 de junio, en la sesión número 21 del Concejo Municipal. Ese día, la concejala Marisol Guajardo, decidió que ya era suficiente de vivir bajo las sombras. Con la templanza de quien defiende los tratados de Versalles, alzó la voz para exigir lo que por derecho divino (y electoral) le corresponde a los seis concejales de la comuna: el aplauso y la foto oficial.

«¡No quiero llegar a otra instancia!»

La concejala Guajardo, en un discurso que bien podría musicalizarse con violines dramáticos, le advirtió al alcalde con una frase que dejó a todos tiritando: «No quiero llegar a otra instancia». Nadie sabe con certeza si esa «otra instancia» es el Tribunal Electoral, el Gobierno Regional o simplemente un boicot donde los concejales se nieguen a cortar las cintas de inauguración.

El argumento central de la concejala es de una lógica aplastante: los consejeros regionales no financian balones deportivos. Las pelotas de fútbol, esos esferas de cuero que mueven multitudes, pasan por las manos del cuerpo colegiado municipal. Por lo tanto, ver al Consejero Regional (CORE) Gerardo Contreras sonriendo cerca de un balón municipal es, a ojos de Guajardo, una afrenta directa a la soberanía del concejal.

Guajardo, con el manual de la Ley de Probidad bajo el brazo, no tardó en recordarle a los dirigentes sociales el «pequeño detalle»: el CORE Contreras ni siquiera puede votar los proyectos de la comuna por su lazo sanguíneo. En resumen: “Usted no vota, usted no sale en la foto de los beneficios”.

La contraofensiva:

Pero el CORE de Colchagua, no se quedó de brazos cruzados viendo cómo lo intentaban borrar con corrector de las invitaciones oficiales. Ante el último pleno del Consejo Regional de O’Higgins, Contreras, en su momento de incidentes respondió directamente y calificó los dichos de la concejala como «ataques discriminatorios», argumentos que tras intervención fueron aprobados por su par el consejero Manuel Morales Burgos, “apoyo cada uno de los puntos del consejero Contreras”.

Es asó que con la paciencia de un profesor de educación cívica, el CORE le recordó a la concejala que el Gobierno Regional inyecta más de 7.000 millones de pesos anuales a Chimbarongo. Claro, quizás la ley le impida votar si el municipio de su hermano pide fondos, pero si el proyecto es un hospital, un cuartel de bomberos o una calle pavimentada a través de otra vía estatal, ahí está Contreras, listo para estampar su firma y, por supuesto, asistir al evento.

Contreras defendió su sagrado derecho a recorrer las 33 comunas de la región, donde sea invitado por dirigentes sociales o autoridades de cualquier comuna.

El «¡Qué hace él aquí!»

El punto álgido de esta guerra fría ocurrió el viernes 19 de junio, en un escenario de alta tensión: una entrega de ayudas para talleres de mujeres y clubes de adulto mayor.

Imaginen la escena: señoras felices esperando sus lanas y materiales, y de pronto, el alcalde invita al escenario a su hermano, el CORE Contreras. Según los testigos (y el propio afectado), el rostro de la concejala Guajardo se transformó. Los cuchicheos y las miradas de reojo se sintieron más fuertes que el frío de junio. Para Guajardo, la presencia del CORE era una intrusión intolerable en el jardín municipal; para Contreras, una muestra más de la «persecución personal» de la que es objeto de manera reiterada.

El CORE Contreras hace un llamado místico a la «unidad» y a «unir energías», asegurando que el respeto debe ser mutuo, asegurando que seguirá trabajando con más fuerza y atendiendo a todos los vecinos que me llamen, lamentando una vez más la posición de la concejala.


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