El nuevo seremi de Agricultura de O’Higgins, Carlos Valdés Errázuriz, adelantó el tono de su gestión en su primera conversación pública con la región: un despliegue territorial activo, con foco en terreno y cercanía con los actores del agro. “Nuestro presidente José Antonio Kast nos pidió sacar el escritorio a la calle”, afirmó en una nueva edición de Diálogo Regional de El Tipógrafo, donde abordó sus prioridades y el escenario del sector.
Abogado de la Universidad de Chile, con estudios de posgrado en derecho comparado en Estados Unidos, Valdés regresó a Chile en 2013 tras una etapa en el extranjero para dedicarse a emprendimientos agrícolas familiares en la región. Oriundo de Graneros, ha desarrollado su vida reciente en O’Higgins. “Esta región es el corazón agrícola de Chile. Tenemos que sentirnos orgullosos”, remarcó, subrayando el peso productivo del sector.
Su definición del cargo es operativa. “Cuando uno googlea qué hace un seremi, te dice que es un vínculo”, explicó. “La tarea es articular a los servicios para dar solución a las personas”, y desde dicha línea, plantea como eje central la articulación de los distintos servicios del agro —con 12 organismos bajo su órbita— para responder a la multiplicidad de necesidades del sector. Entre ellos, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), al que describe como “la policía del campo”, subrayando su rol en la protección del patrimonio fito y zoosanitario, condición clave para sostener la capacidad exportadora del país.
Desde esa vereda, uno de los temas más sensibles hoy por hoy es la sanidad animal. Frente al riesgo de influenza aviar, la autoridad destacó el despliegue preventivo en la región, con brigadas del SAG operativas en distintas comunas. Recordó además el impacto reciente de la enfermedad a nivel nacional, donde se debieron sacrificar cientos de miles de aves en la región Metropolitana, lo que da cuenta de su potencial efecto sanitario y económico. En ese contexto, instó a los criadores de aves de traspatio a reportar síntomas y a informarse sobre los mecanismos y seguros de apoyo disponibles por parte del Estado.
La seguridad rural aparece como otro de los ejes prioritarios. Valdés adelantó la reactivación del tema en la mesa regional, en un escenario donde los robos de insumos y maquinaria agrícola han sido una preocupación persistente en el campo. “Desde 2013 hasta 2017 me entraron a robar 17 veces”, relató, enfatizando la necesidad de denunciar estos hechos como insumo para la acción estatal y el fortalecimiento del control en zonas rurales.
En paralelo, el acceso al agua sigue siendo un desafío estructural. El seremi reconoció las dificultades que enfrentan pequeños agricultores en materia de derechos de aprovechamiento y apuntó al trabajo en curso de la Dirección General de Aguas (DGA), junto con la posibilidad de acceder a instrumentos de fomento al riego. “Necesitamos llegar con mejor agua, llegar a más lugares con el agua”, sostuvo, en un contexto marcado por años de estrechez hídrica en la zona central.
En el plano productivo, Valdés relevó el posicionamiento agroexportador de O’Higgins, destacando instancias como el Global Cherry Summit, que reúne a actores de la industria de la cereza y refleja el nivel de especialización alcanzado por el sector, uno de los más dinámicos para la matriz regional y el PIB nacional.
Respecto de los lineamientos del Ejecutivo, el seremi enfatizó tres ideas clave: presencia en terreno, eficiencia en la gestión pública y responsabilidad fiscal. “El desafío es ser mejores, más eficientes y poder cuadrar la caja”, señaló, junto con reiterar que la meta de largo plazo es avanzar hacia el pleno empleo, generando condiciones que permitan proyectar inversiones agrícolas en horizontes de mediano y largo plazo.
Al cierre, la autoridad insistió en el enfoque de su gestión: “la meta es destrabar, y que la gente sienta que el Estado es un apoyo, no una carga”, planteando una seremía abierta a agricultores, organizaciones y actores locales que requieran orientación en sus procesos productivos.







