La historia comienza en 1977, cuando Alberto Collados visitó por primera vez el, en ese entonces, campamento minero de Sewell, época en que el actual patrimonio de la humanidad –desde el 2006-estaba enfrentando un proceso de desmantelamiento, que lo colocaba ad portas de ser demolido.
“Quedé absolutamente maravillado”, afirmó Alberto en entrevista con El Tipógrafo, recordando aquella visita. “Yo tenía una idea legendaria de un Sewell que salía en el calendario y de historias literarias de algunos escritores que se referían a los problemas sociales y de convivencia, y en general a la situación muy especial que vivía Sewell”.
Asegura que “y ahí me di cuenta de que ese vestigio físico había que mantenerlo”.
Alberto Collados, arquitecto de actuales 84 años, comenzó a enviar cartas al director a diversos medios nacionales con el objetivo de alcanzar la ‘salvación’ de Sewell del destino de la demolición, además de otras acciones tendientes a este objetivo.
“Ese mundo estaba desvinculado con el mundo general y por lo demás estábamos en un momento en que el patrimonio cultural era menos importante que ahora (…) eran tiempos bien ásperos”, precisa.
Recordando los momentos en que comenzó con esta cruzada sostuvo que, “fue una campaña realmente con grandes desilusiones porque seguía la picota durante 20 años hasta que fue, después de 20 años, aceptada la solicitud que hice yo en el 78”.
Esta solicitud, explica que fue presentada a la Comisión de Monumentos Nacionales para que Sewell no fuera demolido y que fuera declarado monumento nacional. “Se rechazó la declaratoria pero se recomendó no seguir demoliendo y darle algún uso utilitario”.
En el mismo año, comenzó con las cartas al director, “que después se convirtió casi en un vicio, pero breves y así al callo” con la idea de visibilizar la importancia patrimonial de la ciudad minera.
Tras todas estas décadas, la labor de Alberto Collados fue destacada por primera vez la noche del miércoles en una ceremonia que organizada por la Corporación Patrimonial Sewell y el Círculo Social Sewell, con la estatuilla Abraham Quintana Robles, distinción que busca reservada a quienes han contribuido al conocimiento, resguardo y difusión de la historia de Sewell.
“Sentí que se había producido un vuelco en esta situación de no reconocimiento y el inicio de una etapa en que ese reconocimiento debiera extenderse a todo lo que se publique sobre Sewell”, afirmó sobre ser premiado por su inquebrantable labor.






