La Ruta I-45 es mucho más que un camino de montaña; es el cordón umbilical que une la civilización con la reserva natural y terapéutica de las Termas del Flaco. Hoy, esta vía se encuentra en una encrucijada crítica donde la gestión inmediata de Vialidad choca con la lentitud burocrática de la planificación a largo plazo.
Para Fernando Bozo Catalán, presidente de la junta de vecinos del sector, la lucha contra el deterioro del suelo es una batalla de todos los meses. Tras una gestión clave en septiembre de 2025 con la Dirección Provincial de Vialidad, se logró establecer un calendario de mantención mensual con motoniveladora.
Si bien el programa se ha cumplido rigurosamente durante la temporada estival de 2026, el flujo vehicular constante —propio de la época— degrada el terreno con rapidez. El enemigo principal es la «calamina»: esas ondulaciones rítmicas en el suelo que castigan los vehículos. El punto más crítico se concentra en los 15 kilómetros que separan el puente El Chorro (km 60) de las Termas, un tramo de pendientes pronunciadas donde la tracción de los motores erosiona el ripio con mayor agresividad.
Un sueño a diez años plazo
Más allá de los parches preventivos, la comunidad aspira a una solución estructural. El horizonte, sin embargo, es lejano. En febrero de 2026 concluyó el estudio de prefactibilidad, un proceso que heredó sus bases del segundo gobierno de Michelle Bachelet bajo la gestión de la entonces Seremi de Obras Públicas, Natalia Sánchez.
Pese al hito que representa terminar el estudio, las proyecciones son crudas: un camino definitivo podría tardar al menos 10 años en concretarse. El cronograma aún debe sortear las etapas de diseño detallado, ingeniería compleja y la obtención de la Rentabilidad Social ante el Ministerio de Desarrollo Social.
La estrategia de la gradualidad
Dada la envergadura de la inversión —donde solo el nuevo puente El Chorro demandaría unos $6.000 millones de pesos— la ejecución por etapas surge como la única vía realista.
«Quedé conforme porque al menos ya tenemos una respuesta a la inquietud de tener un camino definitivo», afirma Bozo tras participar en las recientes consultas ciudadanas. No obstante, el dirigente reconoce que el futuro de la ruta ya no depende solo de la técnica, sino de la voluntad política de las próximas autoridades del Ministerio de Obras Públicas (MOP), quienes tendrán en sus manos la decisión de financiar o postergar este ambicioso proyecto de infraestructura cordillerana.






