El optimismo económico para este año sufrió un duro golpe tras conocerse el Informe de Política Monetaria (IPoM) de marzo publicado esta mañana. El Banco Central de Chile elevó la proyección de inflación de un 3,2% a un 4,0% para 2026, confirmando que el costo de la vida seguirá presionado por el alto precio de los combustibles y la energía, derivados del conflicto en Medio Oriente.
Este ajuste tiene un impacto directo en el ciudadano común: la posibilidad de ver una baja en las tasas de interés este año ha quedado descartada, significando que los dividendos, créditos de consumo y préstamos bancarios para, por ejemplo, cambiar el auto o mejorar la casa, se mantendrán en niveles elevados, dificultando el alivio económico de los hogares de la región.
De acuerdo a lo informado por el instituto emisor, el panorama se ensombrece con un recorte en el crecimiento (de 2,5% a 2,0%) y una caída en la inversión (del 4,9% al 4,0%). En la práctica, esto anticipa un mercado laboral más frío, con menos creación de empleos y sueldos que rinden menos, sobre todo frente a productos importados y las bencinas al alza.






