Desde los 7 años empuña una raqueta, hoy, con 19, Martina Gálvez celebra un nuevo título en el circuito nacional, confirmando un presente sólido que no es casualidad, sino resultado de disciplina, carácter y horas de entrenamiento. En la final superó con autoridad a Fernanda Núñez por 6-2 y 6-2, pero su victoria comenzó mucho antes de entrar a la cancha.
En Chimbarongo, comuna que la ha visto crecer como deportista, Martina ha construido su carrera paso a paso. Esta temporada iniciará sus estudios de Preparación Física en Curicó, una decisión que busca complementar su experiencia en cancha con conocimientos técnicos, entendiendo que el alto rendimiento exige una formación integral.
Su triunfo más reciente no fue casualidad. Durante la semana previa entrenó intensamente en Chimbarongo junto a su preparador físico, Diego Galáz, con quien trabaja desde el año 2024. Movilidad, explosividad y resistencia forman parte de una rutina exigente que combina tres a cuatro días de entrenamiento semanal, con jornadas que alcanzan hasta cuatro horas diarias entre preparación física y tenis.
Este trabajo se reflejó en la final, “Quizá lo más duro fue mantener la pelota adentro, sostener el control y no apurarme en los puntos más difíciles”, explicó. La seguridad que mostró en cancha tuvo relación directa con esa preparación previa. “Entrené mucho esa semana antes del campeonato, me sentía muy preparada”, afirmó tras levantar el título.
Su preparación también incluyó entrenamientos con varones para ganar potencia en los golpes. El revés es su mayor fortaleza, responde sin dudar cuando se le pregunta qué la diferencia. El saque, en cambio, ha sido su punto más débil, pero en esta final marcó un quiebre, “Lo practiqué harto y pude hacer varios puntos importantes con mi saque”, cuenta.
El tenis, sin embargo, no es sólo técnica, es mente, es frustración y es resiliencia. Martina lo ha aprendido con los años. “Me frustro mucho en la cancha, pero intento gritar, sacar toda la frustración y retomar el siguiente punto, no quedarme atrás”, confiesa. Esa descarga emocional se convierte en una herramienta para recomponerse y seguir compitiendo.
No siempre ha sido fácil. Tras derrotas duras o semanas en que nada parecía resultar, ha pensado más de una vez en dejarlo, sin embargo, la convicción termina siendo más fuerte. “No me veo sin el tenis, es lo más importante que tengo actualmente”, afirma, dejando en claro que su vínculo con este deporte va más allá de los resultados.
Esa mentalidad también se refleja en el tipo de juego que admira. Su referente es Aryna Sabalenka, por su estilo agresivo y dominante, una intensidad que Martina busca proyectar en cada partido, combinando potencia y determinación en la cancha.
Hoy compite en torneos como el FILA Tour y el Tour Tenis Chile, principalmente en Santiago, San Fernando y Curicó. Cuenta con una beca deportiva otorgada por la municipalidad y la Oficina del Deporte de Chimbarongo, ya que reconoce que el tenis es un deporte costoso y que el apoyo de su familia es fundamental. Viajes, implementación, entrenadores y preparación física son parte de una estructura que exige recursos permanentes.
Mirar el ranking internacional es un sueño que no descarta, aunque es consciente de las dificultades económicas que implica competir fuera del país. Mientras tanto, construye su camino con los pies en la tierra y la mirada firme.
A futuro, además de seguir estudiando y compitiendo, sueña con crear su propia escuela de tenis. “Quiero formar a los más chiquititos, enseñarles todo lo que yo sé y que puedan surgir”. Es una meta que conecta con su historia, una niña de Chimbarongo que empezó a entrenar casi como un juego y terminó encontrando en la cancha su identidad.
Con este nuevo título, Martina Gálvez no solo suma un trofeo más a su palmarés. Ratifica que el talento necesita trabajo, que la pasión requiere sacrificio y que, incluso cuando la frustración asoma, la convicción puede ser más fuerte. A sus 19 años, su presente es sólido y su futuro, abierto y prometedor.






