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Opinión

Mujer

MIÉRCOLES, 6 DE MARZO DE 2013


“El hombre no llega a ser hombre  hasta que su nombre sea pronunciado por una mujer” (Antonio Machado).

Me anticipo a la fecha precisa, para comentar la celebración del Día Internacional dela Mujer, merecidísimo homenaje que dignifica a quienes lo idearon y pusieron en vigor.

Es interesante recordar que según las Sagradas Escrituras, Dios creó al varón y posteriormente, para darle una compañera, creó a Eva de una costilla, lo que simboliza la eterna e indisoluble unión entre el hombre y la mujer, puesto que ésta deriva de aquel, y que en la vida real se consagra en el matrimonio.

Ningún ser humano que respire o haya respirado, ha dejado de ser  hijo de mujer, de modo  que solo el vientre fecundo de esa costilla bendita nos ha permitido conocer la vida. La criatura se trastrocó en creadora, en la madre dela Humanidad.

De allí que, tradicionalmente, la mujer fuera vista como la hembra reproductora, cuya tarea esencial era traer hijos al mundo, abastecer el planeta de la carne de cañón y de trabajo, de carnes palpitantes y talentosas que reemplazaran en la eterna posta de la vida a las generaciones que, desgastadas, se pierden en el tiempo como polvo olvidado.

También fue considerada muchos miles de años como botín de guerra, el más preciado luego de la victoria, pues los vendedores arrebataban sus mujeres a los vencidos para gozarlas y transformarlas en sus propias reproductoras. Una forma de genocidio, pues al despojarlos de sus mujeres, condenaban a la tribu respectiva a desaparecer.

Tal conducta, suavizada con los años, dio origen al concepto del “machismo”, es decir, la sumisión al hombre, a cambio del sustento.

 

Según algunos antropólogos de Harvard, el machismo habría sido invento de las hembras, pues habiéndose enterado de lo riesgosa que era la obtención de los alimentos en aquellos remotos años, en medio de la selva, y sabiéndose dueñas del vientre fecundo que es indispensable, convencieron a los machos que su labor era alimentarlas y ellas procrear, bajo una aparente sumisión, porque todos sabemos que las mujeres han mandado siempre. Astucia femenina.

Los tiempos presentes nos muestran un panorama muy diferente, en que la mujer ha alcanzado elevados sitiales, el reconocimiento formal de su igualdad en los textos legales, una libertad sexual amplísima y ciertas formas de liderazgo muy interesantes.

Es verdad que aun no se alcanza la plena igualdad de oportunidades y condiciones, aun el machismo perdura, aunque se bata en retirada, todavía las mujeres ganan menos que los hombres, todavía les falta sitiales que ocupar.

La diferencia con antaño es que los caminos están abiertos, ahora solo es rutina recorrerlos y alcanzar nuevas metas, la oposición desapareció, aun cuando sea a regañadientes por parte de algunos sectores.

Personalmente, atendido que tengo la felicidad de un matrimonio de larga e ininterumpida data con una excepcional mujer y solo hijas, me siento un auténtico feminista, admirador de los avances femeninos, y deseoso que tales progresos no se interrumpan.

Me cabe, eso sí, un ruego esencial: que por mucho que avance y progrese, ello se obtenga manteniendo esa hermosa femineidad que es tan propia de la mujer y que tanto amamos los hombres.

Alcanzar el éxito transformándose en hombres con faldas, no es la meta, ni lo deseado.

Por eso saludo cariñosamente a las mujeres en su Día Internacional, comparto el agrado de sus progresos, pero, ¡por favor!, no dejen nunca de lado ese “eterno femenino” que tan bien las caracteriza y que es nuestra delicia.

 

Mario Barrientos Ossa.

Abogado.

Magíster en Derecho U. de Ch.

mabaos@123.cl.

 



Acerca de Mario Barrientos Ossa.
Nació en Rancagua. Egresó del Instituto Nacional y cursó Derecho en la Universidad de Chile. Es Diplomado en Administración Pública y Magíster en Derecho de la misma casa de estudios. Se desempeñó como Contralor Regional y subjefe del Departamento de Estudios de la Contraloría. Posteriormente, fue Asesor Jurídico de la División El Teniente. A contar de 1994 ejerce liberalmente la profesión en su Estudio Jurídico. Fue alcalde de Rancagua y uno de los cofundadores de la Universidad Leonardo da Vinci. Fue profesor en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y en la Universidad de Aconcagua, cuya Revista de Derecho creó y dirigió. Se desempeñó como Abogado Integrante de la Corte de Apelaciones de Rancagua.
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