PUBLICIDAD
Columnas de Opinión

Cazadores secuestradores

MIÉRCOLES, 31 DE DICIEMBRE DE 2025


De manera imperceptible pero rápida nos hemos ido convirtiendo en cazadores-secuestradores. Nuestros bolsillos los llevamos cargados con peligrosas armas de distracción masiva, cuyas cámaras han ido destruyendo implacablemente nuestra capacidad de observar. Padecemos el síndrome de Diógenes digital, infectados con la virulencia de querer captar y retener impulsiva y descontroladamente todo lo que ocurre a nuestro alrededor. 

Hemos ido perdiendo la capacidad de gozar los más bellos y simples acontecimientos de la vida ya que los capturamos. El nacimiento de una guagua, la celebración de cumpleaños, o el compartir de las vacaciones ha dejado de ser sagrados ya que se han vuelto mercancías. Tan pronto viene a nosotros una experiencia gratuita y bella somos incapaces de estar abiertos a ella, y queremos retenerla en nuestros teléfonos.  

Cuando nuestros niños hacen alguna gracia ya no les regalamos una mirada bondadosa y de asombro. No, nos apuramos a grabar, y el niño pierde nuestros ojos y encuentra nuestra cámara. No nos interesa lo que los niños nos puedan regalar, sino los likes que podamos conseguir a costa de ellos. Los grabamos y exhibimos, como productos de supermercado. Algunos de ellos se han acostumbrados a ser parte de la vitrina de sus padres, alegrándose de verse una y otra vez en los fatídicos teléfonos, como si la vida se tratara de un reality show.

Ya ni siquiera comer nos proporciona paz y goce. Es tristemente asombroso que cuando en un restaurante llega un jugoso plato, antes que agradecer o reverenciar esa comida, lo capturamos para mostrarlo a los demás. Perdimos todo pudor y nos volvimos indecentes. Nuestra dependencia de la mirada ajena se ha vuelto brutal, ahogando nuestra capacidad de poder disfrutar las cosas simples de la vida. Somos unos mendigos de likes. Todo se ha vuelto exhibible, sepultando el espacio para lo íntimo.

Nos hemos acostumbrado a una vida de vitrina, ansiosa porque sea consumida, ofreciéndose a cualquier precio, volviendo nuestra existencia fría y frívola. Y no podemos achacar este problema a los demás, ya que cada uno de nosotros fácilmente reconocerá la enorme viga que tiene en su ojo. Esta metáfora nunca se había vuelto tan textual: los teléfonos y redes sociales nos inundan con imágenes para ser devoradas, pero aturden nuestra capacidad de mirar la verdadera belleza de lo cotidiano. 



Acerca de Federico Iglesias Muñoz.
Federico Iglesias Muñoz, 32 años. Rancagüino. Ex alumno del Instituto O’Higgins. Presidente del Centro de Alumnos de dicho colegio en el período 2005-2006.
PUBLICIDAD
Comentarios

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Loading...

Tipógrafo Radio
El Tipógrafo Radio | Coldplay - The Scientist