En nuestra región, los relaves mineros suelen ser vistos como una amenaza latente. Su presencia en valles agrícolas despierta preocupación por sus posibles impactos ambientales y en la salud de las personas. Esta tensión histórica entre minería y agricultura parece irreconciliable, especialmente, en territorios donde ambos sectores son motores económicos.
Pero estos relaves también pueden mirarse desde otra perspectiva, pues son depósitos que concentran más de dos siglos de historia minera, y en su interior, albergan un archivo químico y biológico único en el mundo. Esa mirada es la que han impulsado académicos y académicas de la Universidad de O’Higgins, quienes, en colaboración con Minera Valle Central y Codelco El Teniente, han logrado aislar bacterias extremófilas desde estos pasivos mineros.
Estas bacterias únicas, capaces de sobrevivir a ambientes con altas concentraciones de metales y acidez, presentan un enorme potencial para procesos de biolixiviación, permitiendo recuperar minerales como las tierras raras, esenciales para la electromovilidad y la transición energética. Al mismo tiempo, algunas cepas muestran efectos bioestimulantes en agricultura, mejorando la resistencia de las plantas ante condiciones adversas, al actuar como una suerte de vacuna natural.
Lo más notable es que estas bacterias son únicas en el mundo, pues se desarrollaron de manera natural en la Región de O’Higgins, y hoy forman parte de nuestro patrimonio biológico, al estar inscritas en la Colección Chilena de Recursos Genéticos Microbianos. Su existencia no sólo abre nuevas posibilidades para la ciencia y la tecnología, sino que también refuerza el valor ambiental y estratégico de nuestro territorio.
Este trabajo, liderado por el Dr. Mauricio Latorre desde el Anillo de investigación Sistemix UOH, junto a los doctores Lorena Pizarro y Alex Di Genova, es un ejemplo concreto de cómo la investigación de frontera puede resignificar lo que hoy se considera un pasivo ambiental. Gracias a su labor, los relaves dejan de ser residuos inertes, para convertirse en una fuente de soluciones sostenibles con impacto regional y global.
Desde la Universidad de O’Higgins creemos que la ciencia debe estar al servicio del territorio. Y cuando el conocimiento se conecta con los problemas reales, incluso, los desechos que consideramos nocivos pueden transformarse en una oportunidad.