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Columnas de Opinión

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VIERNES, 16 DE JULIO DE 2021


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Hiperventilada por la contingencia y por el ambiente de enfrentamiento, la opinión pública desatendió la que, por lejos, ha sido la noticia más importante de estos días: la publicación de la Encuesta CASEN y su medición de la pobreza y distribución de ingresos.  Los resultados son devastadores: la pobreza aumentó superando los dos millones de personas (el 10,8% de los chilenos) y se duplicó la pobreza extrema (alcanzando al 4,3% de los chilenos).

Ante estas cifras, hubo algunos análisis,  matices metodológicos de la medición, desagregaciones regionales, comparaciones con países vecinos y uno que otro debate sobre el desempeño del gobierno en este asunto con su respectiva defensa. Pero tristemente fue una noticia más. Una vez pasada la asimilación mediática instantánea, como quien desliza la pantalla de su red social favorita para ver qué otra imagen interesante ronda las redes, la atención volvió a las precandidaturas presidenciales, al errático inicio de la convención constituyente,  a la copa américa y a cosas más atractivas.

Triste. Porque para más de dos millones de chilenos esto no es una noticia sino una realidad diaria, una incertidumbre cotidiana y agotadora sobre las preocupaciones básicas para vivir y sostener a sus familias. Y a esa incertidumbre parecemos agregarle la certeza de que a los afortunados que no sufrimos pobreza, no nos importa.

Esta columna no tiene por objeto entrar en ninguno de los análisis ni matices antes mencionados. Sólo quiere ser alarma y cable a tierra para que veamos lo que no queremos ver y reaccionemos. Esta altísima pobreza debe sacudirnos de las lógicas de enfrentamiento e impulsarnos a salir a su encuentro y reconocerla como nuestra mayor urgencia. No se trata de avivar un afán igualitario materialista, ni menos dar pie a oportunismos que usan a los pobres para agendas particulares, sino invitar a un genuino encuentro con nuestros compatriotas y vecinos que hoy luchan contra la adversidad por sostener a sus familias y enfrentan la falta de los elementos básicos para una vida digna.

Esto es tarea de todos, El que crea que esto no le incumbe, se auto-margina de la sociedad. Acá está el mayor dolor de Chile. No hay nada más urgente. Candidatos presidenciales, convencionales constituyentes, políticos de todos los colores, empresarios, dirigentes, trabajadores, ciudadanos todos: ésta es la prioridad.


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