No estamos ante algo nuevo. Desde hace cinco años, la ocupación regional no ha superado a la nacional. Antes de la pandemia, era común que la región de O’Higgins, en los meses de verano, alcanzara e incluso superara a la ocupación promedio de país. Después de la pandemia esto nunca volvió a ocurrir. En invierno la situación es más compleja. De hecho, en el trimestre junio-agosto 2026 la tasa de ocupación regional llegó a 50,9%, esto es 4,7 puntos porcentuales por debajo de la ocupación nacional, la que se ubicó en 55,6%. Por su parte, y como es de esperar, la desocupación tiende a aumentar en los meses centrales. Y en tres de los últimos cuatro años, esta ha subido por sobre el promedio país. En la última medición O’Higgins tiene un desempleo de 10,8% y el promedio nacional fue 9,6%.
En el sector silvoagropecuario tenemos evidencia de una importante disminución en ocupaciones elementales. Y en el comercio observamos automatización de funciones y procesos, que combinado con una contracción en el consumo, hace que el empleo del sector se vuelva más frágil. De hecho, tuvo una disminución interanual de -6,3%.
Ciertas actividades como las financieras han experimentado una importante digitalización en sus procesos y productos, lo cual también se puede verificar en las labores profesionales, científicas y técnicas. En la región, la banca presenta una contracción interanual de -27,5%, y el grupo ocupacional de profesionales cayó -10,6%, lo que equivale a 6.400 empleos perdidos.
En cuanto a la minería, la caída del PIB del sector ha estado acompañada de una disminución del empleo, con una alta incidencia negativa, que se traduce en una caída interanual de -26,5%, una variación estimada en 6.200 puestos de trabajo menos.
Además, la participación de las mujeres en los últimos meses ha tendido a disminuir, y la principal razón para estar fuera de la fuerza de trabajo está asociada a los cuidados familiares.
Por lo tanto, si bien el comportamiento cíclico de la matriz productiva regional sigue siendo un factor explicativo para las tendencias del mercado del trabajo, donde las actividades agrícolas tienen un fuerte impacto. Además, el desempleo se asocia con fuerza a otros fenómenos, como la incorporación de tecnología, las tendencias de consumo interno, el estancamiento productivo minero y el desincentivo de la participación femenina en el mercado laboral.






