Probablemente una de las palabras más fáciles de definir, de la enormidad que dan vida a la lengua española sea “convivencia”, cuyo significado es simple y sencillamente “vivir en compañía de otro u otros”.
Pero, siendo muy fácil de definir y por ende de entender, es en muchos casos difícil de llevar a la acción en forma positiva.
Convivir en buena forma con quienes nos rodean se ve alterado, por mucho que pongamos nuestra voluntad en lograrlo, ya que existen una infinidad de factores que se entrelazan.
Pareciera ser que lograr una buena convivencia, depende inicialmente de la voluntad, plenamente individual, de todos los actores que participan de ella.
En tal sentido, son los sentimientos personales los que afectan la convivencia, más allá de aspectos medioambientales o grupales.
Si usáramos como simple referencia, alejada de toda connotación religiosa, los conceptos de pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión, podríamos talvez acercarnos a las causas que explican el fenómeno del cual hacemos referencia.
En ocasiones, las dificultades en lograr una sana convivencia se ven simplemente afectadas porque en nuestra mente, sin tener motivos definidos, algo nos impide aceptar a determinada persona sin reserva alguna, lo que afecta por cierto la relación entre ambos.
El afectar la convivencia producto de la palabra es algo más concreto, ya que nos dirigimos a otros expresándoles conceptos que para ellos podrían ser ofensivos, existiendo quienes lo hacen conscientemente y quienes no.
El dañar la convivencia a través de obras concretas es algo más fácil de identificar y por cierto, podría variar desde una acción física violenta, hasta un simple gesto ofensivo, pero que siempre o casi siempre es intencionado.
Finalmente, la omisión es en sí misma la más difícil de evitar, ya que no tenemos forma en la mayoría de las ocasiones, de descubrir que es lo que esperan de nosotros quienes nos rodean.
De cualquier forma, no se debe olvidar que la omisión puede ser voluntaria o no, siendo el primero de los casos menos frecuente que el segundo.
Hasta podría ser que no habiendo nada concreto que permita entender por qué no le soy grato a otra persona, esa animosidad o molestia sea como a veces escuchamos, simplemente “porqué sí”.
Haciendo uso y abuso en utilizar estas líneas amigas para un propósito personal, deseo expresar a quienes hayan percibido de alguna forma que he alterado voluntaria o involuntariamente la convivencia a través de mis escritos u acciones, que acepten mis sinceras disculpas.






