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Columnas de Opinión

Expectativas versus realidad

LUNES, 17 DE AGOSTO DE 2026


La formación profesional en la región es cada vez mayor. Si décadas atrás era común que los hijos e hijas de familias campesinas anclaran su futuro en el espacio rural, en la actualidad, es frecuente que esta reproducción se rompa, y los jóvenes, así como sus familias, masivamente, hagan el esfuerzo material e intelectual de cursar una carrera profesional y terminarla, con vistas a incorporarse al trabajo en espacios urbanos.

Guiados por el ideal meritocrático asociado a la correlación de esfuerzo y logro, los proyectos de vida de gran parte de los jóvenes, en O’Higgins y en el país, están guiados por una trayectoria académica que, aunque sinuosa, siempre tiene en el horizonte la formación profesional como objetivo, primero, y condición después, para integrarse al mercado laboral, donde se espera que puedan aportar a la sociedad y las empresas desplegando sus capacidades, a cambio de una remuneración acorde, que les entregue estabilidad y sustento.

Sin embargo, la porfiada realidad nos muestra otra cosa: para una parte importante de los habitantes de la región, lo anterior, no pasa de ser una utopía. En efecto, según la última encuesta CASEN, el 38,6% de las personas que están trabajando y que cuentan con formación profesional, se desempeñan en ocupaciones de menor cualificación.

La situación es crítica en los sectores más importantes en términos de empleo. En el Comercio, quienes presentan una sobrecalificación profesional son el 68,6%; en el Agro, llega a 67,3%; y en la Industria, a 57,7%. El mercado del trabajo regional emplea a las personas principalmente en ocupaciones elementales (25%) o como trabajadores de servicios y vendedores en comercios (20%), que no requieren mayores niveles de cualificación.

Este desfase entre las expectativas de las personas y la realidad trae evidentes consecuencias en términos productivos y económicos; pero también a nivel individual o subjetivo (bajo compromiso y desmotivación); sociales (descontento y malestar); y demográficas (fuga de talentos).

Si las empresas son incapaces de sofisticar sus productos y procesos en busca de mayor valor agregado, si las políticas no establecen directrices sobre nuevas formas de producir, reconociendo las posibilidades del territorio y las capacidades de sus habitantes, quiere decir que el modelo de desarrollo está tocando su límite, volviendo insostenible la reproducción social de la matriz productiva regional.


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