Los tiempos que corren nos permiten comprobar, con un simple análisis del entorno, que el Estado y la Familia flaquean, que no muestran la estructura sólida de antaño, y que tal circunstancia nos ha conducido a un desorden que no esperábamos.
El Estado parece ser superado por las mafias y por el crimen organizado, nos muestra niveles de infiltración en su interior que consternan, el servicio público se ha transformado en un negocio, la política en una profesión, y todo ello nos ha arrastrado a un nivel de corrupción que no admite disimulo y que parece conducirnos a un despeñadero.
En cuanto a la Familia, el panorama es igualmente desolador. La autoridad paternal se extingue, las madres están ausentes del hogar, hay un abandono de la labor de educar a los hijos en valores, la unidad familiar está resquebrajada y la conversación familiar está reemplazada por el juego electrónico. La antigua mesa familiar, en que se hablaba de cosas valiosas, desapareció, cada cual se alimenta a su manera, en su habitación, con el teléfono en la mano. Hoy, la delincuencia adolescente, fruto de lo anterior, nos agobia.
Cabe, entonces, preguntarse: ¿hay alguna relación entre Estado y Familia, que explique el oscuro panorama actualTeodoro Mommsen, ese brillante autor de la Historia de Roma, Premio Nobel de Literatura, nos deja entrever que Roma declinó y terminó por caer cuando la familia romana se corrompió. Por tanto, sentó las bases que cuando la familia flaquea, el Estado sufre igual efecto.
Si miramos el panorama mundial, Europa y América del Norte están en decadencia porque la familia europea y americana se destruyó. China surge como la nueva gran potencia, porque mantiene estructuras familiares tradicionales, que consolidan la fortaleza del Estado, el predominio de los grandes valores en la sociedad.
Pareciera, entonces, que Mommsen tenía razón, que el decaimiento de la familia es el inicio y en gran medida, la causa de que el Estado no funcione como se exige.
La conclusión es clara: mientras la Familia no enmiende su modo de ser, me temo que los tiempos políticos futuros seguirán siendo adversos.






