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Columnas de Opinión

La guerra en Oriente Medio y el golpe silencioso al campo chileno

MARTES, 24 DE MARZO DE 2026


En las últimas semanas hemos visto cómo las noticias sobre guerras en Oriente Medio vuelven una y otra vez a los titulares. Para muchos puede parecer un conflicto lejano, casi abstracto. Pero sus efectos ya se sienten en Chile, y especialmente en el campo, donde cada peso cuenta en la producción de alimentos que luego llegan a las ferias y almacenes de nuestras comunas.

Se ha repetido que estos conflictos encarecen los combustibles, y con eso suben casi todos los costos. La agricultura no es la excepción: se encarece mover tractores y camiones, regar, transportar insumos y sacar la cosecha. Sin embargo, el problema más delicado para el agro no está solo en la bencina o el diésel, sino en algo de lo que se habla mucho menos: los fertilizantes, en particular la urea, que es básica para muchos cultivos.

Países como Rusia, Qatar y varios del Oriente Medio son grandes productores de urea. Cuando en esas zonas hay guerra, sanciones o inestabilidad, pasa algo muy simple: hay menos producto disponible y los precios suben fuerte. Eso es lo que está ocurriendo. Los stocks mundiales han caído y el valor de la urea se ha disparado en comparación con la temporada pasada, presionando el bolsillo de los agricultores, desde los pequeños productores hasta las grandes exportadoras.

A esto se suma otro factor que complica aún más el panorama: las compañías aseguradoras se han vuelto más cautas. Han reducido coberturas o endurecido las condiciones para asegurar actividades agrícolas, lo que se traduce en mayores trabas para acceder a créditos y financiamiento. Dicho en sencillo, producir hoy es más caro y, al mismo tiempo, más difícil de financiar.

Todo este cóctel tiene una consecuencia muy concreta para quienes viven en la ciudad: alimentos más caros y, en algunos casos, menos oferta. Si hay menos fertilizantes, o si son demasiado caros, la producción baja o se hace a un costo que muchos agricultores no pueden sostener. Considerando que una parte importante de la canasta con que se mide la inflación corresponde a alimentos, este impacto no solo se verá en el campo, sino también en el IPC y en el bolsillo de las familias.

Si a lo anterior se suma la incertidumbre sobre a qué precio se venderán las cosechas, el panorama se vuelve aún más incierto. Para el agro, la temporada que viene se ve cuesta arriba. Para el resto de la población, es una señal clara de que las guerras que parecen tan lejanas terminan golpeando donde más duele: en el precio y la disponibilidad de los alimentos de todos los días.


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