Este 12 de febrero se celebran 144 años desde que se fundara la Primera Compañía de Bomberos de Rancagua, que trajo a estas tierras del Cachapoal el ejemplo enaltecedor de los “Caballeros del Fuego” y abrió páginas inolvidables en la vida cívica de nuestra sociedad rancagüina.
Cabe preguntarse: ¿qué hace que hombres y mujeres, de las más variadas actividades del quehacer ciudadano, ofrenden a diario su vida, su integridad física y síquica, la estabilidad patrimonial de sus familias ante la eventual desgracia del jefe o jefa de hogar, de un modo altruista, sin retribución material, sirviendo a sus semejantes de un modo tan enaltecedor?
En los tiempos que vivimos, en que el individualismo se posesiona de los espíritus, en que todo corre al calor del dinero, en que ningún esfuerzo se quiere desplegar sin el salario pertinente, en que las instituciones de servicio languidecen por esta falta de solidaridad, ¡cuán motivador es el ejemplo de los bomberos voluntarios, funcionando activamente, sirviendo día a día, creciendo en calidad, en idoneidad y profesionalismo, manteniendo incólumes las tradiciones, aumentando en el cariño entrañable de la ciudadanía, agradecida de sus desvelos!
Es el alma de la raza pujante, es la herencia de nuestros adalides la que mantiene esta fuerza perenne que brotando de raíces muy hondas, mantienen en sólida posición esta Benemérita Institución, distinguida y apreciada más allá de toda medida.
No me cabe duda que contribuye a ello el espíritu de los mártires bomberiles, cuyos nombres están inscritos con letras de oro en la historia rancagüina, cuya sangre generosa, como una sabia vivificante, desde el Más Allá glorioso, mantienen con su ejemplo y su presencia espiritual la majestad de esta querida Institución.
Hoy, mi homenaje va a la Patria, que es nuestra Madre, que permite que en sus entrañas generosas se gesten hombres y mujeres de este temple, aglutinados en las compañías bomberiles, como legiones de soldados cívicos atentos al clarín del deber, hasta entregar la vida si fuere necesario.
Vaya mi cariñoso saludo al Superintendente del Cuerpo de Bomberos, don Raúl Montecinos, y muy en especial a nuestro compañero voluntario don Juan Carlos Field, Presidente de la Junta Nacional de Bomberos de Chile, así como al Director de la Bomba OHiggins, don Cristián Araya, a los oficiales, voluntarios y voluntarias de la Primera Compañía, a todos quienes felicito por este onomástico magnífico y abrazo con entrañable afecto a través de estas líneas que nacen del corazón.






