A diez años del desastre total

Publicado el 27 febrero, 2020 Por Columna de Opinión

Dicen que el recordar es bueno y forma parte de la historia, pero hoy al hacerlo siento el mismo temor que sentí hace exactamente diez años. Mi corazón vuelve a latir con fuerza y mis sentidos quedan aún más atentos; la memoria recuerda y yo los recuerdo a ellos, a todas aquellas víctimas del 27F, […]

Dicen que el recordar es bueno y forma parte de la historia, pero hoy al hacerlo siento el mismo temor que sentí hace exactamente diez años.

Mi corazón vuelve a latir con fuerza y mis sentidos quedan aún más atentos; la memoria recuerda y yo los recuerdo a ellos, a todas aquellas víctimas del 27F, a todas aquellas víctimas de la fuerza incontrolable de la naturaleza y de aquella vivencia que me hizo actuar, no sólo como Detective, sino que aplicar el criterio y empatía para ayudar a quienes, al igual que yo, vivimos tan de cerca la muerte.

Vayan para todas aquellas personas este recuerdo; que sin duda no solo remeció nuestra tierra, sino que también nuestras vidas, sueños y miedos.

A continuación les relato parte de mi historia, de aquella experiencia de vida marcada a fuego, y lo más importante me hizo reflexionar sobre el verdadero valor, de nosotros, los Detectives.

La madrugada del 27 de febrero de 2010 me encontraba yo, así como muchos de los nuestros, cumpliendo con el servicio de guardia en aquel pequeño pero hermoseado cuartel de la PDI en la ciudad de Constitución, en la región del Maule.

Siendo las 03:20 horas, un terremoto y posterior tsunami remeció e inundó gran parte del país. Yo en mi calidad de encargado de guardia del complejo policial salí a duras penas, eran escasos metros los que separaban el acceso principal del cuartel con el ahora atemorizante río Maule. Al frente la gente de la Isla cruzaba desesperadamente en los pocos botes disponibles y yo entre oscuridad, polvo y agua, trataba de reincorporarme de tan brusco movimiento telúrico. Fueron varias las ideas que cruzaron por mi cabeza, también y quizás, la más cobarde, era trepar a la antena de comunicaciones del cuartel y allí esposarme en espera de ayuda o de la fuerte arremetida del mar que pronto vendría. Pero hubo algo que cambió ese pensamiento, aunque aún mantengo como recuerdo ese par de grilletes, tal vez como símbolo y recuerdo de una buena decisión.

Como hombres y mujeres de bien, somos entrenados y moldeados para enfrentar los más crueles escenarios, tenemos la mente, el corazón y el brazo listos para enfrentar al más ruin adversario; pero enfrentar nuestros miedos y la fuerza indómita de la naturaleza, para eso ¿Quién está realmente preparado?.

Esa madrugada, tuve una suerte única, un par de detectives fueron en mi ayuda y juntos despejamos los portones de acceso, del hasta ese momento aún en pie, cuartel policial
Una vez despejado el camino, avanzamos entre techumbres, muros, escombros y una perfecta oscuridad y al avanzar subimos a nuestras patrulleras, a quien se cruzará en el camino, la idea era ponerlos a salvo, pues el tiempo y la fuerza de un furioso mar, arremetía con toda la costa Maulina.

Cristian González

Sub jefe Brigada Investigadora de Robos Rancagua.

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