El delincuente nace o lo hacemos II

Publicado el 13 diciembre, 2019 Por Columna de Opinión

La semana pasada en esta columna hice referencia al origen de los delincuentes con o sin capucha provenientes de sectores sociales vulnerables e incluso de clase media. En mi opinión en su gestación tenía mucho que ver la falta de oportunidades y el ambiente cultural y/o socioeconómico precario en que se desarrolló su niñez y […]

La semana pasada en esta columna hice referencia al origen de los delincuentes con o sin capucha provenientes de sectores sociales vulnerables e incluso de clase media. En mi opinión en su gestación tenía mucho que ver la falta de oportunidades y el ambiente cultural y/o socioeconómico precario en que se desarrolló su niñez y juventud. En esta ocasión me referiré a los denominados delincuentes de cuello y corbata, hombres y mujeres nacidos en cunas privilegiadas y con más oportunidades de las que puedan desarrollar. Desde pequeños se les crio marcando diferencia con los demás grupos sociales, fueron a escuelas exclusivas, en que el proyecto educativo era más teórico que la formación real que recibían. Se les formo para competir y mantener sus privilegios. Viven en sectores urbanos alejados de las otras clases sociales y se casan con miembros de familias de similar condición social y riqueza, para mantener su estatus.

Estudian en universidades chilenas también exclusivas, y se doctoran en universidades liberales norteamericanas o europeas. Famosos fueron y siguen siendo los Chicago Boys. Las universidades liberales, sus padres, amigos y socios empresarios les enseñaron los trucos para delinquir legalmente, les adiestraron a pagar menos impuestos, a pagar sueldos miserables, a blufear en la bolsa, a coludirse con otros empresarios para vender más caro y en forma monopólica, a cobrar intereses usureros a quienes les piden un préstamo en sus bancos. Compran a los políticos para que les aprueben leyes que les beneficien, no tiene escrúpulos para hacer quebrar a competidores con menos recursos para dominar el mercado. Llevan parte de su riqueza a los paraísos fiscales, para eludir impuestos.

Los delincuentes de cuello y corbata saben que las leyes les favorecen, y cuando caen en desgracia son defendidos por abogados de primer nivel, los cuales consiguen para ellos rebajas en sus condenas, pago de multas siempre más bajas de lo estafado.  A estos delincuentes la justicia los manda a cárceles hoteles exclusivos, o como castigo les mandan a hacer cursos de ética que nadie controla si lo hicieron o dieron pruebas de aprobación. Distinto a lo que pasa con un delincuente común, si roba una gallina, 5 años de cárcel y sus antecedentes manchados de por vida. Un delincuente de cuello y corbata no delinque, es un emprendedor, es una persona buena para los negocios, es inteligente y sabe aprovechar los momentos económicos. Lamentablemente las tibias medidas anunciadas por el presidente para este tipo de delincuentes no son lo suficientemente fuertes para amedrentarlos, saben que las penas siguen siendo son pocas y que con lo robado pueden financiar fácilmente que sus defensas logren penas mínimas, ya que las leyes y la justicia, con los ricos es obsecuente y con los pobres implacable.

José Álvarez Lara

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